Argentina, 10 años después de la crisis

Los años dorados de los Kirchner

El país se encuentra inmerso en un proceso de transformación política, económica y social que parece no tener freno hacia su destino fijado.

En diciembre de 2001, la Argentina estallaba en pedazos ante los azorados ojos del mundo. Confiscación de ahorros bancarios, desempleo, saqueos a comercios, declaración de estado de sitio, multitudinarias marchas, cinco presidentes en poco más de una semana y una vergonzosa cesación de pagos fueron los ingredientes de un coctel explosivo para los argentinos. La sociedad no encontraba respuestas en la inoperancia de sus políticos y la consigna “que se vayan todos” se había transformado en una expresión de deseo popular. El país había tocado fondo y desde diferentes sectores se llamaba a la refundación nacional.

Diez años después la Argentina ha cambiado. En octubre de 2011 Cristina Fernández de Kirchner obtuvo una victoria contundente al renovar su mandato presidencial transformándose en el tercer mandatario reelecto en la historia del país. Cristina, alcanzó la reelección con el apoyo de los estratos sociales más vulnerables y el de una amplia franja de los sectores medios de la sociedad. Los primeros, valoraron la contención que le brindan los multimillonarios planes sociales, y los últimos, el crecimiento de un país que no sufre grandes trastornos sociales y supo escapar a la crisis Europea y a los problemas de los Estados Unidos.

Néstor Kirchner llegó al poder en el 2003 con la idea de transformar a la Argentina. Asumió la presidencia con el 22% de los votos y el 24% de desocupación. “Tengo más desocupados que votos” dijo en aquel momento a sabiendas que nunca antes un presidente argentino llegaba a la primera magistratura con tan poco apoyo. Cristina Kirchner, su esposa y compañera de lucha, lo sucedió en el 2007 con el 45,29% de los sufragios y renovó su mandato con el 53,96%, siendo el primer mandatario en alcanzar tamaño apoyo desde el regreso de la democracia en 1983. En su primera aparición pública tras ser reelegida, Cristina afirmó: “Las urnas nos dicen que sigamos por el mismo camino”. Pero, ¿Cuál es el camino que hoy transita la Argentina?

La Argentina y su pendular movimiento económico

En los años noventa, Carlos Menem transformó el país inclinando el péndulo a la derecha. El “menemismo” fue el mejor alumno del FMI y aplicó a rajatabla sus recetas: Desregulación económica, privatización de empresas, feroz apertura de mercados y una Ley de Convertibilidad que ataba un peso sobrevaluado al dólar estadounidense. Pasada la fiesta del dinero fresco, la Argentina debió hacer frente a las consecuencias de las políticas “menemistas”: elevado déficit fiscal, enorme endeudamiento y un cada vez más limitado acceso al crédito internacional. Fernando de la Rua, sucedió a Menem en la presidencia y recibió un país que entraba en la recesión económica más prolongada de su historia. De la Rua intentó sanear las finanzas con ajustes y subas de impuestos, pero terminó huyendo en helicóptero desde la Casa de Gobierno. Afuera, una masa enardecida clamaba su renuncia y el fin del modelo neoliberal.

Desde el 2003 a esta parte, los Kirchner inclinaron el péndulo hacia la izquierda y la Argentina volvió a transformarse. Eduardo Duhalde (presidente 2002-2003 elegido por la Asamblea Nacional para finalizar el mandato de De la Rua) le entregó el gobierno a Néstor Kirchner con una Ley de Convertibilidad derogada y una moneda devaluada. Kirchner, con un discurso frontal, continuó la política económica de su predecesor y el Banco Central mantuvo el valor de la moneda a través de una fuerte participación en la compra y venta de divisas. La Argentina consolidó su perfil exportador y el Producto Bruto Interno creció de manera sostenida gracias al elevado precio de los granos a nivel internacional. Esta coyuntura económica, permitió a Néstor Kirchner eliminar las cuasimonedas que pululaban por las distintas provincias, incrementar las reservas nacionales, disminuir las tasas de desempleo y pobreza, sacar a la Argentina del default y cancelar la totalidad de la deuda con el FMI. En política internacional el kirchnerismo prefirió la integración latinoamericana y su modelo del Mercosur por encima de la integración propuesta y dirigida por los EEUU a través del ALCA. Cristina Fernández de Kirchner tomó la posta presidencial en el 2007 y hasta la muerte de su esposo Néstor, acaecida en octubre de 2010, condujo el país junto a su marido en una suerte de gobierno de doble comando.

El camino del cambio

Para imponer el cambio, el “Kirchnerismo” hizo de la confrontación un estilo de gobierno, especialmente, cuando Néstor aún estaba en vida. Durante el gobierno de Cristina, se re-estatizaron empresas y el Régimen de Jubilaciones y Pensiones volvió a la órbita estatal. Este último hecho, transformó al Estado en copropietario de una gran cantidad de compañías que habían invertido en la compra de acciones de las administradoras de fondos de Jubilaciones y Pensiones. La nueva ley de radiodifusión y una modificación en el régimen de retenciones a las exportaciones, fueron frentes de batalla que llevaron a la actual Presidente a enfrentarse contra los grandes multimedios y con el poderoso sector agropecuario. A las protestas de estos últimos, las llamó “piquetes de la abundancia” en contraposición a los “piquetes de la miseria” de 2001. El discurso “kirchnerista” llevó a la sociedad a un clima de intolerancia que no dejaba opciones intermedias. O se estaba a favor del gobierno o en contra. El aumento de la inseguridad, algunos sonados casos de corrupción y las cuestionadas cifras oficiales sobre la inflación, condujeron a “los Kirchner” a la derrota electoral en las legislativas del 2009. Los análisis políticos y la sensación en la calle, previeron el comienzo del fin de la pareja gobernante.

Sin embargo “los Kirchner”, lejos de amedrentarse, redoblaron la apuesta y profundizaron el modelo aprovechando una coyuntura económica internacional que les seguía siendo favorable. Brasil, con un Real fuerte, continuó siendo el principal socio comercial de la Argentina comprando productos manufacturados; y la soja mantuvo un elevado precio a nivel internacional. La oposición, pese a haber ganado las elecciones del 2009, no supo unirse y deambuló incoherente por la arena política. Su discurso atomizado fue incapaz de mostrar una propuesta superadora.

El alto precio del oro verde

La recuperación económica argentina se debe en gran medida a la enorme producción y exportación de soja a China y a la Unión Europea. El alto valor en el mercado internacional le ha permitido al país mantener sus elevadas tasas de crecimiento a lo largo de los últimos años. Sin embargo, el precio que debe pagar la Argentina también es caro. La sobreexplotación de un producto transgénico altamente erosivo para la tierra y de muy bajo consumo en el país, ha provocado que hoy se cultive soja en lugares que antes eran impensados para la agricultura.

La organización ecologista Greenpeace denunció la deforestación generada en el norte de Argentina para cultivar soja que se utiliza en la fabricación de biocombustibles. Muchos productores agrícola-ganaderos argentinos han reorientado sus actividades hacia el cultivo del llamado “oro verde” dejando de lado los cultivos tradicionales y la cría de ganado. Este hecho trajo como consecuencia que las materias primas de consumo tradicional en el país se produzcan en menor escala, lo que en definitiva provoca un constante aumento de precios en sus productos derivados.

El 27 de octubre de 2010 la Argentina entró en estado de shock al enterarse del fallecimiento de Néstor Kirchner. Los argentinos, sentimentales y pasionales por naturaleza, se vieron afectados por la muerte de un líder amado y odiado a la vez. El vacío que dejó su muerte puso en duda las competencias para gobernar de la Presidente viuda. Sin embargo, Cristina Kirchner transformó esa debilidad en fortaleza. Cambió su colorido atuendo por uno de luto y tuvo un discurso más conciliador que el de su esposo, pero no por ello menos firme. Hugo Moyano, el jefe de la Confederación General de los Trabajadores, dijo que era más difícil negociar con Cristina que con Néstor. Ella, se preocupó menos en denunciar a los enemigos y a las conspiraciones, y se focalizó en realzar las bondades del modelo económico. En pocos meses sus índices de popularidad subieron hasta niveles nunca antes alcanzados.

El desafío de consolidar el futuro

Cristina Kirchner sabe que aún le resta mucho por hacer. La Argentina, está casi imposibilitada de asumir deuda a través de bonos soberanos y se ha venido financiado a través de préstamos del re-estatizado sistema estatal de pensiones y utilizando las reservas del Banco Central. El Estado, tarde o temprano deberá hacer frente a los acreedores que tras el default no aceptaron la renegociación de la deuda y persiguen con sus reclamos a la Argentina en tribunales internacionales. En el frente interno, Cristina deberá lidiar con el líder de la CGT que exige la profundización del modelo a través de la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas. Por otra parte, tendrá que tomar medidas urgentes que desalienten la compra de dólares y a la vez generen confianza en el mercado financiero. Al argentino no le sorprenden las crisis económicas y está acostumbrado a vivir en pesos y ahorrar en dólares. “Plata que gano, plata que invierto en dólares… acá nunca se sabe lo que puede pasar”, afirma Oscar Rossi, comerciante y víctima del corralito del 2001.

La fuga de capitales (US$ 22.000 millones en el último año, según un informe del Banco Ciudad de Buenos Aires) y la masiva compra de dólares realizada por los grandes actores económicos, contagia a los pequeños ahorristas y genera un clima de inestabilidad que repercute en la población en general. Frases como “el que apuesta al dólar pierde”, pronunciada 1981 por el entonces Ministro de Economía Lorenzo Sigaut poco antes de ordenar una devaluación, o, la más reciente en el tiempo y tampoco cumplida promesa de “el que depositó dólares recibirá dólares” lanzada por el ex-presidente Duhalde para calmar a los ahorristas a los que se les había incautado los ahorros, permanecen en el inconsciente colectivo argentino y provocan (inclusive entre los partidarios de Cristina) una disociación entre el apoyo político al gobierno y la confianza en la economía.

En ese sentido, días después de haber sido reelecta, la Presidente decidió por decreto que las empresas provenientes de los sectores minero y petrolero deberán liquidar en el país el 100% de sus exportaciones y las compañías de seguros estarán obligadas a repatriar los fondos invertidos en el exterior. Por otra parte, se establecieron férreos controles a los pequeños y medianos ahorristas que deseen comprar divisas extranjeras. Ahora, deberán justificar ante la Administración Federal de Ingresos Públicos el origen del dinero y el motivo de la compra de dichas divisas. Un sector de la sociedad considera a estas medidas como un atentado a sus libertades individuales, el gobierno, por su parte se justifica diciendo que sus medidas combaten la especulación financiera en todos los ámbitos. La profundización del modelo así lo exige, Cristina Kirchner lo sabe y más de la mitad del país la apoya.

Derechos humanos, el otro pilar del kirchnerismo

Otro de los puntales de gobierno de “los Kirchner” ha sido la defensa y promoción de los Derechos Humanos. “Los organismos de DD.HH. nos hemos sentido por fin escuchados por un presidente y es la misma política de DD.HH. que continúa la actual presidenta”, afirma Tati Almeida referente de la organización Madres Línea Fundadora. Los detractores, en cambio, le recriminan a “los Kirchner” una anterior falta de compromiso con los Derechos Humanos y haber alterado la paz social al abrir viejas heridas. En la Argentina de hoy, abordar una discusión que verse sobre el respeto de los derechos humanos, muy probablemente conlleve a una agresividad dialéctica entre las contrapartes. Poco importa si la discusión trate sobre derechos civiles y políticos o económicos y sociales.

En el 2005 la Corte Suprema anuló las leyes de “Obediencia debida” y “Punto Final” mediante las cuales se había exculpado a gran parte de los militares de rango inferior. La Corte utilizó la figura de Crímenes contra la humanidad y en consecuencia, abrió la vía para enjuiciar a los responsables por los crímenes ocurridos durante la dictadura que gobernó el país entre 1976 y 1983. En octubre de 2011, en una condena cargada de simbolismo, se condenó a 16 represores que actuaron en el centro clandestino de detención de la ex Escuela de Mecánica de la Armada. Las penas abarcaron desde 18 años de cárcel hasta la prisión perpetua para doce de ellos. Las reacciones en la calle fueron positivas. “Fallo histórico! Estoy orgullosa, se hace justicia! escribió una forista del Diario La Nación apenas conocida la noticia. Hoy, nadie se atreve a defender públicamente lo hecho por los militares, sin embargo, muchos otros exigen que la justicia también llegue a todos los sectores, como lo señala otro forista en el mismo diario: “Prisión perpetua merecida y totalmente de acuerdo. Ahora también se tendría que investigar, detener y juzgar a los responsables de los atentados terroristas que cometían grupos como los Montoneros, ERP y otros que abundaban en la década del 70 y produjeron muchas víctimas inocentes. Si queremos justicia que sea pareja y para todos”

Entre los derechos sociales y económicos, también hubieron grandes avances. Por decreto nacional, se estableció la generalización de la asignación familiar por hijo para todos los menores de 18 años cuyos padres se encuentren desocupados y se crearon cientos de planes de ayuda social. Organizaciones importantes como las Madres de Plaza de Mayo reciclaron parte de su lucha y extendieron las reivindicaciones por fuera de los reclamos vinculados con derechos violados en la dictadura. Con la ayuda del Estado, pasaron a la acción y se dedicaron a construir barrios de viviendas en distintas partes del país. Su apoderado Sergio Schoklender, se vio envuelto en un multimillonario caso de corrupción que dañó la imagen de la organización. A pesar de que las denuncias no alcanzaron a la Fundación Madres de Plaza de Mayo, se instaló el debate sobre si los organismos defensores de los derechos humanos debían abandonar su rol vigilante para saltar a la acción y suplir al Estado a la hora de cumplir con los derechos sociales.

 Entre otros avances legislativos, en el 2010, se sancionó la Ley de Matrimonio igualitario que permite casarse a las parejas del mismo sexo, siendo la Argentina el primer país en América Latina en permitir dicha clase de uniones. En noviembre de 2011, la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados trató por primera vez la despenalización del aborto antes de las 12 semanas de gestación. El pre dictamen positivo de la Comisión fue anulado por un mal conteo de votos y el proyecto no será vuelto a tratar en el futuro inmediato debido al amplio rechazo que despertó en la sociedad y a la falta de apoyo por parte de la Presidente.

¿Qué se vayan todos?

La Argentina es un país capaz de producir insospechadas y repentinas recombinaciones entre fuerzas y actores políticos. Muchos de los actores importantes en la época del “menemismo” hoy son actores clave en la época del “kirchnerismo”. Lo que estaba bien visto ayer está mal visto hoy y viceversa. Así, algunos de los principales impulsores de mover el péndulo para uno u otro lado no han podido escapar a sus propias contradicciones. Néstor Kirchner, siendo el gobernador de Santa Cruz, apoyó en los noventa la privatización de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales y Menem, actual senador por la provincia de la Rioja, varios años más tarde devuelve favores con ausencias o abstenciones en el Senado que benefician al oficialismo. La población argentina apoyó masivamente ambos gobiernos otorgándoles la reelección. En la Provincia de Santa Cruz, la boleta electoral de 1995 decía Néstor Kirchner gobernador y Carlos Menem presidente. En el 2011, Carlos Menem renovó su banca de senador con el apoyo del kirchnerismo.

Pocos días después de las últimas elecciones presidenciales, varios diputados pertenecientes a la derrotada corriente del Peronismo Federal, armaron un nuevo bloque más proclive al gobierno. Mientras algunos políticos observan de reojo si su nombre aparece entre los presidenciables del 2015, otros hablan de modificar la Constitución y permitir que Cristina vuelva a ser candidata.

Similitudes y diferencias entre las crisis griega y argentina

En los noventa, el FMI presentaba a la Argentina como un modelo de bonanza del sistema neoliberal y el Ministro de Economía se paseaba por los foros del mundo dando clases sobre la Ley de Convertibilidad. Muy pocos previeron la hecatombe que sufriría el país años más tarde debido a esa inmovilidad cambiaria. Hoy, distintos economistas argentinos disertan sobre las similitudes entre la crisis argentina y la griega y reniegan de las fórmulas de ajuste sugeridas por el FMI. Cristina Kirchner, fustigó las recetas de los organismos multilaterales de créditos internacionales que “siguen sin entender lo que pasa en el mundo y en las sociedades…” A su favor, muestra las tasas de crecimiento del país que desde el 2003, y a excepción del 2009, ha crecido entre el 6% y el 9% anual. El ex-presidente De la Rua también criticó el rol desempeñado por el FMI durante su gobierno y afirmó que “la gran diferencia entre ambas crisis es que a Grecia la asisten y a la Argentina la empujaron a la caída”.

Sobredosis de TV

En 1984 el grupo Soda Stereo, uno de los más populares en la historia del rock nacional, lanzaba uno de sus primeros éxitos: Sobredosis de TV. Gustavo Cerati, autor de la letra y líder de la banda, puso al desnudo la obsesión argentina por la televisión. “¡Acuéstate, levántate! ¡Apágalo, enciéndelo!” es el estribillo que habla de la adicción y dependencia argentina a la caja boba. Casi treinta años más tarde, un informe elaborado por el Consejo Latinoamericano de Publicidad en TV Paga, señala que el consumo de TV en Argentina alcanzó en el 2011 las seis horas diarias en promedio. Marcelo Tinelli, el rey indiscutido de la audiencia argentina, ha sabido mantenerse en la cúspide del rating a lo largo de dos décadas. Año tras año, el conductor supo reinventarse. Sus personajes y programas se ocuparon, en pasadas campañas electorales, de ridiculizar a políticos y a la propia actividad política.

El ex presidente De la Rua, llegó a culpabilizar a Tinelli por el debilitamiento que tuvo su imagen presidencial y por la posterior caída de su gobierno en el 2001. Programas como “Gran Cuñado” una parodia de Gran Hermano donde se caracterizaba a políticos de alto rango obligados a convivir en una casa, obraban como catarsis de una sociedad hastiada y escéptica con su clase dirigente. Hoy, Tinelli sigue omnipresente en las pantallas argentinas, aunque esta vez, mostrando mujeres desnudas y burdos escándeteles. Su influencia mediática es tan amplia que varios programas televisivos basan su contenido en lo que aconteció en la última emisión del programa del rey del rating. Periódicos importantes también le otorgan su espacio, y las notas sobre Tinelli generalmente se encuentran entre las más leídas. “Pan y circo. Lo que hace Tinelli le conviene al gobierno… caso contrario se le pondría límite”, afirma Sergio Depolski tras un strip tease que finalizó con un desnudo total en el programa Bailando por un sueño. “Miro a Tinelli porque me hace reír, para llorar está la realidad y sus políticos…” menciona María Grestz.

La vulgarización de los medios es una situación que a nadie sorprende. A cualquier hora, se utiliza un lenguaje soez y vacio que es utilizado tanto por ignotos personajes en busca de fama como por los conductores de los programas. La objetividad en los programas políticos se ha perdido y las emisiones televisivas se han transformado en abiertas tribunas de defensa o ataque al gobierno. “La tinelizacion de la política” es una frase que hace referencia a la conducta chabacana de una clase dirigente que utiliza un falso y forzado humor en pos de obtener un voto que no la elimine de la escena pública.

El gobierno, sabedor de la influencia televisiva y de la pasión de los argentinos por el fútbol, firmó un contrato con la Asociación de Fútbol Argentino para transmitir por la TV Pública todos los partidos de primera y segunda división. El programa “Fútbol para todos” permite a los argentinos ver de manera gratuita los encuentros bajo condición que los canales transmisores respeten el video y audio originales atestados básicamente de publicidad oficial. Para firmar el contrato, la AFA debió rescindir el anterior que la unía con TyC Sports, miembro del grupo Clarín, y declarado enemigo del gobierno. “Fútbol para todos” fue considerado por muchos como una medida demagógica y se lo criticó diciendo que los elevados montos del contrato podrían haberse destinado a otras prioridades como la Salud o la Educación, sin embargo, ninguno de los candidatos a Presidente en las últimas elecciones propuso eliminarlo, sino, tal vez, modificarlo en algunos matices.

Gonzalo Escribano es jurista y free lance periodista argentino

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