‘Hoz y martillo, al gusto del pueblo’

En noviembre, Europa recuerda la caída del Muro de Berlín (1989), el desmoronamiento de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. Pero no todos lo celebran. ‘El fin de la Unión Soviética no fue un día festivo’, así suena en Transnistria, la República rebelde de Moldavia, en donde Lenín todavía sigue en su pedestal.
A una hora de la capital moldava Chisinau aparece desde la nada un control fronterizo que no está reconocido por la comunidad internacional. Entre potreros, una faja de cincuenta metros - tierra de nadie - marca la entrada a la República Moldava Pridnestroviana, popularmente llamado Transnistria (literalmente: ‘al otro lado del río Dniéster’). Con firmeza pero sin excesiva ostentación de poder, las guardias de frontera de habla rusa controlan las identificaciones de cada uno que quiere entrar o salir de la república rebelde. Se abren las mochilas y las cámaras digitales son controladas de manera minuciosa – sacar fotos está estrictamente prohibido en este paso fronterizo “ilegal”.

Después de un sangriento conflicto armado que causó hasta mil muertos en 1992, Transnistria (una faja de tierra larga del tamaño de la provincia belga Limburgo y con medio millón de habitantes) se separó con ayuda de los militares rusos de Moldavia, que apenas había declarado su propia independencia. Es un guión que se ha llevado a cabo en varias repúblicas ex-soviéticas: la comunidad internacional apenas reconoció a un nuevo país, o ya se estaba desgarrado por separatismo, a menudo étnicamente inspirado. ¿El resultado después de dos décadas? Una serie de conflictos congelados en la frontera oriental de Europa, de Nagorno-Karabaj, Osetia del Sur y Abjasia hasta Transnistria. En la carretera del control fronterizo a la capital transnistria Tiraspol se encuentran grandes pantallas publicitarias con publicidad de coches. De inmediato se nota que el prejuicio, que Transnistria fuera un museo soviético en aire libre o el lugar de la resistencia comunista en donde el tiempo se haya parado, no resulta de todo correcto. El paisaje está dominado por la marca Sheriff: en Transnistria encuentras supermercados Sheriff, gasolineras Sheriff y uno de los edificios más sorprendentes es el estadio de fútbol Sheriff. Significativamente es que FC Sheriff – que durante los últimos nueve años ha ganado el titulo nacional y por consecuencia también juega en la Liga de Campeones- juega en la competición moldava de fútbol: pues, hay contacto entre los pueblos de ambos lados del Dniéster. Lo cual hace que la diplomacia internacional espera que de todos los conflictos congelados, el de Transnistria sea el más sencillo de resolver.


 
Tiraspol, estrella roja



También los símbolos de los pasados tiempos soviéticos llaman la atención. En todos lados en el centro de Tiraspol se encuentra la emblema nacional de Transnistria, con hoz y martillo bajo una estrella roja. El nombre de la calle principal, no sólo un paraíso para amantes de Lada y Volga pero también muy adecuado para paradas militares, se refiere a la revolución soviética del 25 de octubre. En ambos lados, las estatuas de los héroes y figuras históricas contrastan contra un cielo azul. Como guinda del pastel: enfrente del edificio del parlamento, una gran estatua de Vladimir Iljitsj Oeljanov, mejor conocido como el camarada Lenín.
‘No soy defensor de la ideología comunista, pero hay que tratar la historia de tu ciudad y estado con respeto. En Transnistria se encuentran tanto monumentos de la Rusia de los zares como de la era moderna. Si el pueblo quiere cambiar los símbolos estatales de Transnistria, deberá de expresar tal deseo. Si la mayoría se expresaría, entonces los políticos deberían cambiar las leyes sobre los símbolos estatales. En algunos círculos se discuta sobre eso, pero esa cuestión no tiene prioridad aquí.’ Así dice Yevgeni Shevchuk, el presidente de Renovación, el mayor partido transnistrio, y hasta hace poco también el presidente del parlamento. El joven político de habla fácil y mirada amable se dirige en un edificio del Soviet Supremo de la URSS a una multitud de periodistas de Transnistria y diez países más de la UE. La reunión de prensa, una iniciativa del Centro Europeo de Periodistas en Bruselas, cabe en una estrategia de Relaciones Públicas con más transparencia y apertura ante el Occidente. Los periodistas debían entregar sus preguntas de antemano. ‘Nuestros encuentros con la media de masas en este formato ya se están volviendo una tradición’, sonríe Shevchuk. ‘Espero que llevan a una mejor comprensión de la situación en Transnistria. En la media occidental hay poca información sobre esta república.’
En ningún caso faltan las historias negativas sobre Transnistria como paraíso para los criminales y eje para todo asunto que huye la luz del día. ‘Hubo una campaña de propaganda en contra de nosotros’, responde Shevchuk, mientras reparte un libro con el título Diez mitos sobre Transnistria. ‘Para destruir un estado, debes de destruir su fama. Moldavia acusaba Transnistria en voz alta de ser un lugar para el comercio y la producción de armas, el tráfico de personas, los flujos financieros ilegales… Las expresiones llamaban la atención de muchos países, sobre todo de los estados miembros de la UE interesados en una solución para el conflicto. Para saber si esas acusaciones sean verdaderas, Bruselas ha instalado una misión EUBAM en la frontera entre Transnistria y Ucrania. ¿El resultado? La misión no ha encontrado ninguna prueba de las acusaciones en contra de Transnistria.’
 

Desde Rusia con amor



‘El desmoronamiento de la Unión Soviética no fue un día festivo para mi’, dice Shevchuk sobre el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. ‘Como consecuencia de esta evolución, surgieron muchos conflictos sangrientos en la anterior Unión Soviética. Guerras horribles se estallaron, también en el territorio de Transnistria. La lucha de la independencia fue una respuesta de la gente aquí: querrían cierta protección, porque de un día al otro se volvieron ciudadanos de otro estado.’ Y entonces, Shevchuk se refiere al pacto Ribbentrop-Mólotov, con el cual los ministros de Asuntos Exteriores bajo Hitler y Stalin dividieron a Europa del Este en dos. ‘Entonces, Transnistria contemporánea fue fusionado a Moldavia, una decisión sin el consentimiento de la población. Los ciudadanos quieren que se restaura esta injusticia histórica.’ Es la esencia de la lucha de la independencia transnistria: no es el origen étnico que divide Transnistria (tanto en Transnistria como en Moldavia hay una mezcla de moldavos, rusos y ucranianos) pero los desarrollos históricos. Shevchuk: ‘Nuetra meta es crear un estado independiente lo cual está confirmado por la voluntad de los ciudadanos, y también por nuestra constitución. Esa es la dirección oficial.’

A tiro de piedra del edificio del parlamento, en una fotografía de color grande, el famoso Igor Smirnov, desde 1991 continuamente el presidente de Transnistria, y el presidente ruso Dmitri Medvédev se dan la mano, los dos con una sonrisa. Al otro lado de la calle, en una esquina de un restaurante popular, hay casí la misma imagen: Medvédev y el primer ministro Putin, con una mirada tirante hacia delante, en el fondo la bandera de Rusia y el verde-rojo de Transnistria. Para quien se quedó con la duda: Transnistria y Rusia son buenos amigos. Rusia no solamente cubre los pensiones y la cuenta de energía en la república rebelde, sino también tiene a sus militares estacionados allí. Por un lado, consiste en las tropas de paz, presentes desde el armisticio de 1992, por otro lado hay los soldados rusos que cuidan los depósitos de munición. Que la presencia militar rusa sea un tema muy sensible, se nota cuando ni Shevchuk, ni la UE, ni la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) quieren dar cifras sobre ella. No oficialmente, los diplomáticos occidentales hablan de unos mil a dos mil soldados rusos. Shevchuk: ‘La operación de paz en Transnistria es una de las más exitosas del mundo. Los pacificadores rusos estacionados son uno de los principales factores para la estabilidad en nuestra región.’ También Shevchuk mismo mantiene buenos contactos con Moscú. Su partido Renovación colabora con Rusia Unida, el partido de Putin y Medvédev. ‘Rusia Unida nos ayuda tomar mejores decisiones legales. En noviembre, representantes de nuestro partido en San Petersburgo participarán en una conferencia de Rusia Unida.’

Según Vlad Lupan, el interés geopolítico de Transnistria es crucial para Rusia para poder comprender el conflicto congelado. Lupan trabajó durante doce años como diplomático para Asuntos Exteriores de Moldavia y negociaba en esta función con Transnistria sobre una solución para el conflicto. Lupan: ‘Moldavia no es importante como país. Es muy pequeño y no hay recursos naturales. Pero está muy central en la frontera de la UE y la OTAN por un lado, y es el patio trasero de Rusia por otro lado. Rusia lo considera como su atmósfera de influencia, que por razones psicológicas no quiere perder. Pero también hay razones geopolíticas. Busca Moldavia en un mapa: está al lado de Ucrania, en donde Rusia de por sí trata de ejercer influencia. Moldavia y Transnistria son para Rusia instrumentos en un contexto geopolítico para negociar con la UE y los EEUU cuando se habla de recursos naturales y estabilidad en la región. Tienen una cuchara en la sopa. Rusia dice: ¿qué recibo a cambio cuando retiro mi cuchara? Eso es la esencia.’ Según Lupan, la población de Moldavia apenas se preocupa. ‘No mas que cuatro por ciento de los moldavos indica la solución del conflicto transnistrio como prioritario. Cuatro por ciento.’ Para la mayoría de la población, la solución de la crisis económica urge mucho más.
 


Perspectiva Europea



Con sus parques cuidados, avenidas anchas, centros comerciales ultra nuevos, terrazas relajadas y habitantes alegres, nada hace parecer que Chisinau es la capital del país más pobre de Europa. Pero la apariencia engaña. En el índice del desarrollo humano del programa de Desarrollo de la ONU, Moldavia está en el lugar 117, en compañía de países como Mongolia, Vietnam, Guinea Ecuatorial y Uzbekistán. Por su superficie y población, Moldavia se compara con Albania, pero el PNB es tres veces menor que este país balcanes de por sí pobre. El problema en Moldavia no es el desempleo sino más bien los sueldos bajos. Un médico gana 100 euros por mes, un profesor de la universidad 80 euros, un aduanero solamente 50 euros. No sorprende entonces que la población huye.
De los cuatro millones de habitantes, la última década se emigró no menos que un millón de Moldavia – de manera legal o no. Los que quedaron –niños y jubilados- viven de depósitos del extranjero, bueno para un tercio hasta cuarenta por ciento de los ingresos nacionales de Moldavia. La dependencia de estos ingresos hace el país muy vulnerable, porque en una crisis económica los ingresos pueden secarse muy rápidamente –el año pasado los depósitos se redujeron por una tercera parte.

‘Tenemos que asegurar una democracia muy funcional y un estándar de vida mayor en este lado del Dniéster. Así Moldavia se volverá naturalmente más atractivo para los transnistrios’, dice Víctor Osipov, el vice-primer ministro moldavo y autorizado para el expediente Transnistria. Osipov se realiza bien que el reto es muy grande. El gobierno en lo cual participa, se formó a finales de septiembre después de un largo año de elecciones que no ha sido en beneficio de los negocios de paz entre Tiraspol y Chisinau. La principal prioridad de ese gobierno, salvo solucionar la crisis económica y el expediente Transnistria, es la integración de Moldavia en la UE. La coalición de cuatro partidos bajo el primer ministro Vlar Filat se llama significativamente la Alianza para Integración Europea. La membresía de la UE suena lógicamente como un estimulante para Transnistria para unirse de nuevo con Moldavia. El problema es que Bruselas desde la entrada de Chipre a la UE ya no piensa en dejar entrar países con un conflicto no resuelto.


 
El futuro de Transnistria



Desde la entrada de Rumania- el país vecino a Moldavia-  a la UE, y seguramente desde la Guerra de los Seis Días en Georgia (en la cual Osetia del Sur y Abjasia consiguieron la independencia) el conflicto de Transnistria se encuentra alto en la orden del día en Bruselas. En cada cumbre importante entre la UE y Rusia se menciona a Transnistria. Junto con los EEUU, la UE participa como observador en el marco de negociación ‘5+2’ para llegar a una solución para el conflicto congelado de Transnistria (el ‘5’ se refiere a Rusia, Moldavia, Transnistria, la ONU y la OSCE).
‘Esperamos que la UE jugará un papel cada vez más importante en las negociaciones’, dice Marian Lupu, candidata de la presidencia de la Alianza para la Integración Europea. ‘Además, negociaciones pacificas son para nosotros la única manera de encontrar una solución. Estamos totalmente y categóricamente en contra de una solución militar en este expediente. Abogo entonces que la región está desmilitarizada. No hay ninguna amenaza militar de Chisinau ante Tiraspol y visa versa.’ El vice-primer ministro Osipov lo pone un poco más preciso: ‘Convocamos a Rusia de seguir su acuerdo en la cumbre de la OSCE en Istanbúl (1999), y de retirar sus armas y tropas de nuestro territorio.’

Kalman Mizsei, representante especial de la UE para Moldavia, nombra la integridad territorial como uno de los principios básicos de las conversaciones de paz. La comparación entre Transnistria y Kosovo u Osentia del Sur no cuadra, según Mizsei. Mizsei: ‘Dejanos de olvidar que en el caso de Kosovo 800.000 personas o más ahuyentaron de su país. Hubo un proceso extremo de purificación étnica. En Transnistria, eso no es el caso. Lo que concierne Abjasia y Osetia del Sur, la gran mayoría de la comunidad internacional no reconoce la independencia de esas dos regiones separatistas. Arrepentimos lo que ha pasado, esto va en contra de las normas internacionales.’ Kosovo fue un éxito para Washington, Osetia del Sur y Abjasia para Moscú. Es muy probable que también el futuro de Transnistria no será dibujado en Tiraspol o en Chisniau.
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