La ofensiva encantadora de Lula

A principios de octubre el presidente brasileño Lula fue recibido en Bruselas con todos los honores. En la agenda del día figuraban, entre otras, la firma de unos acuerdos bilaterales y la preparación de una misión económica belga a Brasil en 2010. Pero qué puede significar un país tan pequeño como Bélgica para un gigante como Brasil?
Para muchos brasileños Lula de Silva es el “Pele de la política”, uno de los íconos brasileños en el extranjero. Su reciente gira por Europa confirmaba esta imagen de nuevo trás obtener en Copenhague los Juegos Olímpicos del 2016. Logicamente irradía confianza en sí mismo cuando dos días más tarde llegó a Bruselas. El ex sindicalista llegó a un punto de no tener nada que probar. Ha realizado cosas impresionantes y en las elecciones presidenciales de finales del 2010 ya no podrá presentar su candidatura.

‘Quién hoy en día viaja a Brasil, encontrará un país nuevo en comparación con veinte años atrás’, dice Lula. En el discurso que hizo ante la Confederación de Empresas Belgas (VBO según sus siglas en neerlandés) en el High-level Business Forum: Brazil and Belgium New Frontiers for Business el presidente se enfocaba de nuevo en su trayectoria: ‘La tarea que enfrentaba cuando asumí la presidencia era demostrar al mundo entero que realmente es posible combinar el crecimiento interno con el crecimiento de las exportaciones y que además es posible relacionar el crecimiento económico con la redistribución de la riqueza.’ Los gobiernos bajo la dirección de Lula optaron por la redistribución de los ingresos a través de programas de subsidios sociales de modo que la gente que nunca tuvo la posibilidad de desarrollarse efectivamente podían acceder al mercado de consumo interior. El programa Bolsa Familia, por ejemplo, procuró que entre el 2002 y 2007 más de 20 millones de brasileños salieron de la pobreza para poder hacer parte de la clase media.

Otra fórmula mágica era nuestra manera de mirar las cosas: ‘No consideramos las expensas para educación y salud como cargos deficitarios, sino como inversiones en el futuro’, según Lula. Asimismo la economía brasileña resultó robusta en la crisis financiera del año pasado. ‘Mientras que esta crisis significó un tsunami para otros países, fue una ola fugaz sin muchos desastres para Brasil. Nos acopiamos antes.’
El presidente entusiasmó al mundo belga de los negocios por este proyecto prometedor. Actualmente Brasil pertence a las diez mayores economías del mundo. El Banco Mundial calculó que si el país continua con este ritmo, estará en el quinto puesto para el 2016. Lula pronostica un crecimiento económico de 5 por ciento para el 2010.


El ratón y el elefante



La disposición a cooperar resultó inmediatamente en la firma de cinco acuerdos en el ámbito del diálogo político, la seguridad social, la extradición de presos, la aviación y astronáutica y la navegación. Asimismo se acordó dedicar la Europalia del 2011 a Brasil. ‘Una oportunidad única para mostrar la gran diversidad de nuestro país’, opinó Lula orgullosamente.
En 2008 las inversiones belgas en Brasil eran de 1.900 millones de dolares y el comercio bilateral entre Brasil y Bélgica unos 6.000 millones de dolares. ‘Pero puede ser mucho más’, dice el –en esta epoca todavia primer ministro- belga Herman Van Rompuy. Actualmente los grandes éxitos económicos son AB-Imbev, el mayor productor cervezero del mundo, GDF Suez & Tractebel, Bekaert y Solvay; todos ellos han logrado grandes éxitos en el mercado brasileño. Estas empresas y el know-how belga pueden ser incorporados en los proyectos que generarán la Copa Mundial de futbol 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016, pero que ya en la actualidad juegan un papel importante en el Plano de Aceleração do Crescimento (Plan de Aceleración del Crecimiento), firmado en el 2007. El plan tiene como objetivo estimular el crecimiento económico, el desarrollo y la modernización a través de la construcción de vías, el transporte fluvial, la construcción de represas y otros proyectos energéticos.
Para el 2010 se programó una misión económica del príncipe Felipe de Bélgica con el fin de profundizar las relaciones con el mundo de los negocios. Además de eso, para Bélgica Brasil puede funcionar como puerta de entrada hacia los otros países del Mercosur (aparte de Brasil, también Argentina, Uruguay y Paraguay) y el resto de América del Sur, un mercado de 400 millones de habitantes.


Diplomacia bio-etanol



Por otro lado, Brasil considera a Bélgica como puerta de entrada hacia Europa para la distribución de productos brasileños en el creciente mercado europeo, constituido por 27 países y 500 millones de consumidores. Los combustibles biológicos encabezan ese agenda Europea. En este ámbito Brasil es el indiscutible líder mundial. El país mismo saca el 44 por ciento de su energía de fuentes renovables, según Miguel Jorge, el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil. De antemano el ministro contra-atacó una posible crítica: ‘La producción de bio-etanol ocupa no más que el tres por ciento del territorio nacional y no quita ni un metro cuadrado de la producción alimenticia. Haciendo esto no afectamos la selva porque ahí la caña no crece.’
Brasil desea posicionarse en el mercado europeo como gran especialista en este ámbito pero sus ambiciones llegan más lejos. Después del encuentro en Bruselas la delegación viajó a Estocolmo donde la tercera cumbre de Europa-Brasil tenía lugar. Además de las discusiones sobre el clima, también la cooperación entre la UE, Brasil y la Unión Africana en el ámbito de los combustibles biológicos operaban como punto especial en el orden del día. A través de tal acuerdo el presidente brasileño ambiciona generar una revolución ecológica de los combustibles biológicos en África, por el cual prometió pleno apoyo de Brasil. Bélgica ocupará la presidencia de la Unión Europea en la segunda mitad del 2010 y simultáneamente hay otra cumbre programada entre Brasil y la UE en la que deben discutirse varios asuntos.

Frente al edificio en Estocolmo donde tenían lugar las negociaciones de la UE hubo una protesta de Greenpeace contra la continua destrucción de la selva amazonica. La respuesta de Lula era breve: ‘Siempre habrá alguien queriendo cortar un arbol.’ El presidente calificó como revolucionario los actuales esfuerzos de Brasil en el marco del Plan Nacional de cambio climático. Para el 2017 se debe disminuir con el 70 por ciento la deforestación y para el 2020 con el 80 por ciento. Hace falta la aprobación del Congreso de estos objetivos. ‘ A través del plan climático nacional y el Fondo Amazônia podemos demostrar que queremos cambiar las cosas. Podemos hacer más a condición de que la comunidad internacional aporte dinero y tecnologías’, dice Lula.
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