La realidad detrás del auge económico

La capital de Angola se parece a un Eldorado contemporáneo para la pequeña élite que frecuenta las discotecas de moda y maneja los pesados 4x4 por trancaderas sin fin. Obreros chinos construyen caminos, ferrocarriles y estadios de fútbol en todo el país, pero millones de personas sobreviven con poco más que nada en los llenísimos barrios de chabolas. ¿El asfalto y el hormigón serán suficientes como para dar una nueva apariencia a Angola, para todos los angoleses?

En un cuaderno gastado que he encontrado al lado de un edificio de apartamentos en Sud-Kwanza leo: ”Angola es un país grande y bonito. Forma parte del continente Africano. Por su inmensidad es uno de los países más grandes de África.” Así describe José Marty - quien probablemente ha recibido una paliza por haber perdido su cuaderno escolar – cómo su querido país, aparte de “grandes reservas de peces, también tiene ríos y recursos naturales que abunden”. José tiene razón. Angola tiene un litoral de más de 1600 kilómetros y ríos en los cuales se podría construir plantas de energía que incluso podrían proporcionar electricidad al país vecino, Sud-África. Tiene además tierras muy fértiles y mucho espacio para los 18 millones de habitantes (1.247.000 km2, la misma superficie que la suma de España, Portugal, Francia y el Benelux). Además tiene ingresos - muchos ingresos - de diamantes, petróleo, bauxita, oro y otros valiosos recursos naturales. Los yacimientos de petróleo de Angola en alta mar no sufren de las acciones de sabotaje de los rebeldes, como es el caso con Nigeria, y por eso las compañías petroleras internacionales van mostrando mucho más interés los últimos años. Los  muchos contratos de construcción y la importación lucrativa también atraen a extranjeros. Incluso un producto básico tan importante como la leche es importada en Angola por Nestlé bajo el nombre de marca Nido. El país puede ofrecer tanto petróleo y por su auge reciente también necesita tantos productos alimenticios y materiales de construcción que los europeos, los chinos, los americanos, los brasileños, los rusos, los indios y los libaneses se apretujan los unos a los otros en los puertos repletos de Luanda y Lobito. Hasta la crisis un barco podía tener que esperar hasta un año antes de que fuera despachado, sabe el belga Olivier Claerhout de la empresa de logísticas TLC.
También la China es aficionada de Angola porque más que nada el petróleo es imprescindible para mantener prosperando su propia economía. La última década el comercio entre China y África se ha multiplicado por diez y mientras tanto ya vale más que 100 mil millones de dólares. Según Ricardo Gazel, el representante local del Banco Mundial, Angola tiene acceso a un crédito con el Banco Chino de Exportación-Importación (Eximbank) de 4,5 mil millones de dólares. En cambio, China quiere petróleo, entre otras cosas. En 2007 China importó incluso más petróleo de Angola (11,2 mil millones de dólares) que de los EEUU (10,2 mil millones de dólares). A pesar de la crisis mundial que, desde 2008, ha bajado el precio del petróleo, el número de barriles y por eso también el comercio chino-angolés, Angola sigue siendo una economía africana robusta que, antes de la crisis, creció nada menos que 20 por ciento por año y que incluso en 2008 registró un crecimiento considerable del 15 por ciento, como único país de África y del mundo.

Una experiencia blanca



“El pueblo angolés es generoso y trabajador”, copió José Marty en su cuaderno.
“Aprovecha las oportunidades y forma sus riquezas para luego mejorar las circunstancias de la vida”. Desgraciadamente José ya ve los deseos materializados. De los 18 millones de angoleses, más de dos tercios viven con menos que dos dólares por día y más de la mitad tiene que sobrevivir con 1,25 dólares o menos por día. Angola saca muy malas notas en cuanto a la igualdad. Angola tiene por ejemplo un coeficiente de Gini de 58,6 (cuando 0 es la igualdad perfecta y 100 la desigualdad absoluta).
Un sueldo de 700 dólares por mes es normal para los luandeses, mientras que en la capital una familia de seis gasta fácilmente 300 dólares por mes en comida. Si no compran en los supermercados, les sale más económico, pero todavía es mucho. Mientras la mayoría de la población tiene un trabajo al lado para poder mantenerse, una pequeña élite disfruta de todas las sensaciones, como les promete un afiche delante de un casino. En el club de vela en La Isla en Luanda están amarrados los yates super lujosos y cuando en la noche voy a bailar en Miami Beach, escucho que en el club de al lado la entrada cuesta 300 dólares porque hay una experiencia blanca: un evento de baile que originó en el Norte y que obliga a todos los que vienen a bailar en una discoteca a vestirse de color blanco.
Angola es un país de extremos. “Uno de los efectos desastrosos de nuestro auge económico son los desplazamientos obligatorios”, sabe Felizardo Epalanga de la ong Open Society. “Hace no mucho los habitantes de los barrios periféricos ‘Irak’ y ‘Bagdad’ fueron expulsados de sus casas, que luego fueron demolidas para la construcción de nuevos caminos o de viviendas residenciales. Nadie de los musseques pobres o barrios chabolas ha recibido una compensación, el me asegura. “Si el estado te regala una tienda, ya tienes suerte.” Jacob Massinga, un fotógrafo de Luanda, ya ha tenido esta mala suerte por la misma causa. “Acababa de comprar un terreno y ya había construído dos pisos, cuando me hacían mudar. Ahora tengo que alquiler esta casa de mi sueldo humilde. Nunca han tratado mi queja y mi dossier todavía se encuentra en el juzgado.” Veo que su casa de adobe alquilada consiste de dos habitaciones, un foco y una televisión que está emitiendo una telenovela brasileña. Cuando luego empieza la temporada de lluvias, la calle se encuentra inundada durante semanas y semanas.

Luanda segura y repleta



La guerra civil (1975-2002) nunca ha causado mucho daño realmente en Luanda, pero durante las revueltas los angoleses se han refugiado en grandes cantidades a la capital porque era un bastión del partido de gobierno MPLA y por ende mejor defendido contra los rebeldes de Unita. Pero después de la muerte de Jonas Savimbi y la paz que siguió a esto, muchos angoleses nunca han retornado a las provincias por falta de vivienda, familia, empleo o servicios allá.
De ahí el caos de circulación en Luanda, y la escasez de viviendas asequibles cual es la razón por qué mucha gente todavía vive en los musseques. “No hay agua corriente ni electricidad y por eso no hay luz en la noche”, dice Leonardo Manuel Mário de la ong Solidariedade para o Desenvolvimento da Infancia (SDI). “Eso genera criminalidad. Y porque la gente tiene que beber agua de los tanques en los cuales el agua está estancada durante mucho tiempo, surge frecuentemente la disentería.”
Según el programa de desarrollo UNDP de la ONU, el promedio de esperanza de vida en Angola es de 47 años de edad y por cada dos angoleses sólo uno dispone de agua potable segura. Casi 31 por ciento de los niños debajo de cinco años sufre de desnutrición. Angola tiene, a pesar de un elevado sueldo promedio por habitante, el 143r lugar del Índice de Desarrollo Humano en la lista de 182 países.


 
Refresco no fresco



La guerra civil también ha enriquecido a algunos. Los peces gordos del partido alguna vez marxista MPLA y los comerciantes amigos sacaban así partido del mercado negro o candonga, que ya durante el socialismo y después durante la guerra civil ofrecía una alternativa para los bienes racionados y subvencionados. Según dicen el Presidente Dos Santos – que también estaba involucrado en el escándalo de armas francés llamado Angolagate – es el segundo hombre con más propiedades en Brasil y su hija Isabel es la propietaria de entre otros uno de los dos únicos operadores de móviles en Angola y anda en lenguas como una de las mujeres más ricas de Portugal.
La empresa estatal Sonangol decide con soberanía cuáles principales empresas petroleras pueden comer de la olla con los otros y las compañías petroleras internacionales han dividido ordenadamente entre ellos los bloques delante de las costas de Angola. La casta política sólo se ha enriquecido los últimos años, asegura un embajador europeo muy cínico. “La palabra desarrollo no está en el diccionario de la élite. Al gobierno angolés sólo le interesa la autoconservación y el enriquecimiento personal”.
Angola baja este año aún más en la lista de corrupción de Transparency International, del 158o al 162o lugar (de un total de 180 países). En 2009 recibe una nota de 1,9 (1 es el más corrupto y 10 el menos corrupto). Esta cifra de corrupción la logra gracias a los millones de dólares que desaparecen sigilosamente del Tesoro cada año o simplemente nunca aparecen en la contabilidad y gracias a los pequeños sobornos que sirven para que te atiendan primero en el banco o en el ayuntamiento. Cuando un policía me para en Luanda y me controla el visa, él me asegura de que también su jefe necesita ver mi pasaporte antes de que pueda irme. Desafortunadamente no está en el momento y tendré que esperar. Después de insistir un poco me pregunta si no tengo una gasosa, un refresco, para el. Seguramente, con esto no se refiere a unas cuantas moneditas para comprar una bebida, sino a un soborno de unos mil kwanza (8 euros). Con una explicación de estoy-yendo-al-banco-y-no-tengo-ni-un-kwanza-conmigo me deja ir sin más problemas.

Se bajan la máscara



Dado que los extranjeros también saben que es más fácil hacer negocios cuando tienes amigos poderosos, la carrera a Luanda ha mandado aún más a la élite local a la corrupción y la arrogancia. Incluso el Fondo Monetario Internacional ha prometido a finales de Septiembre un nuevo préstamo. Por un lado esto demuestra que, para los angoleses, el capital occidental sigue siendo atractivo, sobre todo ahora cuando a causa de la crisis, el interés de China por los recursos naturales suyos está disminuyendo. Por el otro lado esto nos muestra que buen gobierno es un concepto elástico para el FMI. Después de todo, Angola no se ha convertido de repente en un país con buen gobierno y democracia, y la falta de eso era justamente la razón por la cual los donantes occidentales habían vuelto la espalda al país hace años.
“En Angola se dejan caer todas las máscaras”, es la reacción de una diplomática europea. “Si quieres hacer negocios aquí, tienes que renunciar a tus bonitos principios. O por qué pensabas que Hilary Clinton, cuando viajó por África y pasó por Angola, no insistía tanto en buen gobierno en este país? Esto no aceptarían los orgullosos angoleses así no más.” Este orgullo también tiene sus beneficios, según Machteld Cattrysse, una flamenca que trabaja en la embajada de los Países Bajos en Luanda. “Como comerciante en Angola no puedes apabullar así de fácil a los angoleses que están con el poder. Todos tienen que jugar según las reglas del juego localmente decididas en las cuales la política y el establishment económico están entretejidos, aunque la élite las tiene firmemente bajo control. Millones de dólares desaparecen en los bolsillos de la élite que no tiene que responder ante la población. Quien quiere construir algo tiene que seguir y está atado de las manos por el clientelismo. Casi todos que conozco en Angola y que tienen un estatus social algo elevado y algo de dinero, parecen tener amigos poderosos en el partido MPLA. Para mi sorpresa veo que el Ministro del Interior entra en mi hostal una noche y le besa cordialmente a la dueña. “Es mi hermano”, me cuenta con confianza después. Cuando, después de salir en Miami Beach aquella noche, dejo a uno de los que salió conmigo en su casa, casi me arrastra de su terraza. “Claro que quiero hablar de política contigo, pero solamente dentro de la casa. Aquí todo el mundo nos puede escuchar y esto le puede causar problemas a mi esposa.” Y con una voz llena de pánico me indica al pie del edificio de apartamentos, donde vive el gobernador de Luanda. “Acabo de llegar de Portugal y pienso también que este asunto de la corrupción es condenable, pero qué puedo hacer? La madre de mi esposa es parlamentaria del MPLA. Mi esposa y yo acabamos de tener un hijo y sin los contactos que tenemos nunca pudiéramos pagar este apartamento. No quiero problemas con los vecinos, me entiende?”

La palabra “desarrollo” no asoma en el diccionario de la elite, que solo se preocupa por enriquecerse.
El camino a tomboco



Paulo Lourenço es  ministro y consejero de la Embajada Portuguesa en Luanda y, según dice de si mismo, optimista. La élite angolesa, según él, se da cuenta de la necesidad de tener una política responsable y de arrancar con el desarrollo de Angola. “Aunque sólo fuera porque Angola tiene la ambición de jugar un papel más importante en la región y en el mundo. Por su inmensidad, economía y ubicación geográfica, pero también porque cada día recibe más reconocimiento como contacto regional e internacional Angola se sentirá obligada a jugar según las reglas internacionales del juego, incluso las del buen gobierno. Cuando hablo en privado con los angoleses, resulta que bien se dan cuenta de esto. No se puede olvidar, y eso digo sin ninguna forma de paternalismo, que la élite angolesa ha recibido educación y formación en el extranjero y es extremadamente competente.”
“Sólo se puede desarrollar a Angola cuando se crea empleo en el interior del país”, dice mi conductor experimentado. Si no, no habrán muchos angoleses que estarán dispuestos a salir de esta capital “sucia, contaminada y ajetreada”. Andre Rodrigues viene de la provincia Uige pero vive ya desde hace años en Luanda. Mientras conduzca con alta velocidad como un piloto de rally experto por los caminos de arena en mal estado en dirección de M’banza Congo, se saca algunas ideas de la manga. “La primera ciudad por la cual hemos pasado, N’Zeto, nada en el pescado. Se podría construir una fábrica de sardinas o empezar con la salicultura. En Tomboco se produce piña, naranjas y mandarinas. También hay yuca, maní y plátanos. !Con esto se podría empezar una fábrica de refrescos o de jugos!” Hoy en día, sin embargo, toda la atención se concentra en el puerto de Soyo y el resto de la provincia Zaire se queda desamparado a pesar de su historia gloriosa como la sede del antiguo reino de Kongo. En Sud-Kwanza y en Benguela los caminos construídos y asfaltados por los chinos son mucho mejores que los en Zaire. Les vemos trabajar a los chinos en el viejo ferrocarril de Benguela a Lobito. En este momento está en desuso a causa de las obras. Mujeres con mantas en muchos colores venden yuca, tomate, cebolla, piña y papaya: todo lo bueno del suelo angolés. El ferrocarril en el cual están sentadas estas mujeres, puede impulsar el desarrollo de la provincia y ésto ha entendido bien Luanda. Los obreros chinos están virtiendo hormigón para la construcción del nuevo ferrocarril y ya están las paredes maestras de la nueva estación de Catumbela. También la estación mucho más grande de Benguela está en construcción, pero en este momento no están trabajando porque los chinos están ocupados construyendo un nuevo estadio de fútbol muy cerca, ya que el año siguiente jugarán la Copa Africana de Fútbol en Angola y el país quiere dejar una impresión extra buena. El dinero que invierten los chinos en Angola está destinado a los contratistas chinos, que trabajan con sus propios paisanos como obreros, con sus propias excavadoras y sus propios cemento, arena y pinceles, pero en Catumbela aún veo a angoleses trabajando al lado de los colegas obreros asiáticos.

El petróleo inhunda la agricultura



La actividad frenética en los puertos petroleros y en las plataformas de perforación contrasta violentemente con lo que pasa en otros sectores. Petróleo provee más de la mitad del producto nacional bruto del país y casi toda la exportación tiene que ver con el petróleo. En 2007 Angola exportó para 44,4 mil millones de dólares de los cuales 43 mil millones de dólares (de derivados) de petróleo, mas 1,2 mil millones de dólares provenientes de diamantes. La agricultura ni siquiera representa el diez por ciento del PNB. “Hoy en día Angola importa el ochenta por ciento de toda la alimentación, mientras un 65 por ciento de los agricultores apenas sobrevive de la agricultura”, dice Marco Polo Germano de Morães. Este joven brasileño asesora al Viceministro de Agricultura de Angola. Según el asesor, en 2009 el gobierno sólo gastaba el 1,01 por ciento de su presupuesto en la agricultura. Para 2010 se elevó un poco la ambición, hasta un todavía magro de 1,84 por ciento. “Esto sigue siendo poco todavía y seguramente menos de lo que Angola prevee para el transporte (7,63%) o la defensa y la seguridad (11,28%). Pero creo que el gobierno se está dando cuenta de que Angola no puede vivir eternamente de los diamantes y del petróleo y que tiene que diversificar.”
Es sólo hace siete años, por supuesto, que se firmó la paz y depués se tenía que sacar las minas, reconstruir y repoblar el país. Unos cuatro millones de desplazados y más de 400.000 de refugiados tenían que encontrar de nuevo un lugar para vivir depués de la guerra civil que duró casi treinta años. Desde 2002 la producción agrícola subió ininterrumpidamente y en 2006 el crecimiento alcanzó incluso el 9,8 por ciento. Para 2013 Angola espera ampliar sus tierras agrícolas productivas hasta cuatro millones de hectáreas. Marco Polo: “Angola tiene el potencial para finalmente proporcionar sus propias necesidades alimenticias e incluso de exportar lo que sobra. Pero hoy en día faltan las inversiones y la experiencia. Angola sólo cuenta con apenas 190 técnicos agrícolas, mientras que, por ejemplo, la empresa estatal de Brasil Embrapa  cuenta con 2125 investigdores para la investigación agrícola. El objetivo del gobierno angolés es formar a más de trescientos expertos agrícolas los siguiente diez años y construir dieciseis centros de investigación agrícola nacionales dentro de cuatro años.”

Sólido en la altura solitaria



Por qué Brasil tiene que enseñar a Angola la agricultura?, pregunto directamente. Las grandes empresas transnacionales no provocan más daño que beneficios para los pequeños agricultores en Brasil? “La Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) nos ha preguntado para ayudar a Angola con asesoramiento y con obras porque Brasil tiene más o menos la misma topografía y las mismas circunstancias climatológicas que Angola. Además hablamos el mismo idioma y nos tenemos confianza. En treinta años Embrapa ha provocado una revolución en la agricultura brasileña.” Según el FAO Angola tiene, después de Brasil, India y la RD de Congo el potencial agrícola más alto en términos de tierra productiva. Uno de las producciones que da mucha ilusión a Angola es el café. Es más, antes de la guerra civil, Angola era el tercer productor más importante del mundo. Sin embargo, hoy en día muchas plantaciones están destrozadas y abandonadas. “Desde que los dóciles Ovimbundu se han opuesto a los dueños de las fazendas después de la independencia, ya no hay nadie para el duro labor en la tierra de nuestros colinosos campos de café”, dice la vieja Josefa Armada Nunes (75) cuyas plantaciones de café están desiertas. “Sin mecanisación y fertilizantes el café en Angola ya no tiene ninguna verdadera oportunidad”, dice Samuel Barata, el director del centro de investigación para la producción del café en Gabela, antes la región eminente del café. Como se puede ver por su vivienda colonial en sus terrenos, las épocas gloriosas de la producción del café se han vuelto tan sólo un recuerdo lejano. “Pero podríamos ser el  líder mundial de nuevo, con las inversiones suficientes. Cada año a esta altura caen unos 1200mm de lluvia y esto hace que podemos producir Robusta que casi equivale al sabor de café Arábica, sin la sensibilidad de este para las enfermedades y las plagas.” Como si hubiera sido como para enfatizar las palabras de Barata, empieza a llover. Las hojas de café verde obscuras brillan por  la lluvia cuando nos alejamos del terreno.

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