‘Los Musulmanes harían bién en tener también una Ciudad del Vaticano

MO* habló con el cardenal Godfried Danneels, el hombre que –por lo pronto- está al frente de la religión – también por lo pronto- mayoritaria en Flandes. Sobre religión, economía mundial y política. Y sobre la conciencia flexible y el poder religioso.
Los caminos del Señor son inescrutables, y en Roma hacen todo lo posible para seguir rigurosamente tan alto ejemplo –al menos en lo que se refiere a las nominaciones de su propio personal dirigente. La carta en la que Godfried Danneels, a sus 75 años, pedía su jubilación, llegó hace ya casi un año al Vaticano. La respuesta y el sucesor aún se hacen esperar. Ni los  ciudadanos, ni los parroquianos, ni el propio cardenal, conocen el porqué de la espera. Daneels duda que el Vaticano esté esperando que se resuelva la situación de estancamiento político en Bélgica, aunque solo sea porque el estancamiento se está volviendo poco a poco tan milenario como el retorno del Mesías. Parece mucho más plausible que se esté concediendo tiempo al cardenal para concluir varios proyectos de trabajo: la llegada a Bruselas desde toda Europa de decenas de miles de jóvenes, dentro del espíritu de la Comunidad de Taizé, durante la última Navidad; la celebración de los 450 años de la diócesis de Malinas-Bruselas en el 2009, y la canonización del Padre Damián, pues después de todo Tremolo, su localidad de origen, se encuentra también en la diócesis.
Godfried Danneels ha sido testigo, durante el último cuarto de siglo, de cómo su Iglesia Católica pasaba de una gran institución poderosa a una comunidad de iglesias medio vacías y creyentes envejecidos. Sin embargo Daneels consiguió estar muy presente en los medios de comunicación belgas, a pesar de que estos son nada amables para los cristianos.  La mayoría de las veces el habló de asuntos internos de la Iglesia, o sobre los valores cristianos. MO* se pregunta si el cardenal y su iglesia también tienen un mensaje en lo relacionado a la globalización, la crisis económica y la interculturalidad. En primera instancia, el cardenal responde que “el auténtico negocio de la Iglesia es Dios, no la geopolítica o la economía mundial”. Aunque añade inmediatamente que todo aquel que reconozca a Dios como su Padre, debe preocuparse por sus hermanos y hermanas. Esta visión de la humanidad como familia global obliga a cada cristiano, según él, a aspirar a una globalización que “no rompa al hombre como hombre, que encuentre un justo equilibrio entre el aspecto individual y el social del hombre y la sociedad” Más precisamente: “La Iglesia está a favor de la globalización del amor, no de la globalización de los beneficios. Debe haber una mejor regularización de la economía mundial, las finanzas, el consumo, la propiedad, el agua, el clima, los productos básicos…”
Esto ya suena algo más concreto que lo que el cardenal tiene en mente, pues “llegados al punto de concretar nuestra visión de una humanidad solidaria  en leyes, estructuras y organizaciones mundiales, entramos en un terreno que sobrepasa las competencias de la iglesia. Esta es, de hecho, la misión de las Naciones Unidas, pero estas tienen demasiado poco poder. Cuando se dan situaciones de violencia en algún lugar, los Estados Miembros hacen lo que les da la gana. Los puntos de vista y los acuerdos que se realizan dentro de la ONU son difíciles de imponer, y las sanciones son escasas.” El papel que deben desempeñar en ello las religiones y las otras opciones de filosofía de vida, es el de crear una conciencia global. “Todavía no cuaja la convicción filosófica de que un mundo sin conciencia global se pierde en la deriva”.
Y con ello volvemos a terreno conocido. La conciencia. En los años sesenta los teólogos abrieron la inflexible moral de la Iglesia con el planteamiento de que cada individuo ha recibido de Dios la libertad de elección y acción, y que esa libertad debe ser dirigida por la propia conciencia, no por duros ukases (decretos del Zar, N.T.) de la jerarquía clerical. En Europa y los Estados Unidos el debate se centró en gran medida en temas de moral sexual y derecho reproductivo. Esto creó la imagen de una iglesia católica especializada en la región alrededor y al sur del ombligo, mientras todo el paisaje de la injusticia mundial quedaba fuera del campo visual de los prelados. Lo cual no es del todo justo. El Papa Juan Pablo II tiene en su haber un par de  drásticas declaraciones que hubieran quedado mejor en el Foro Mundial Social que en una reunión de católicos estrictos. En el 2003 fue uno de los más destacados opositores de la guerra que los Estados Unidos iniciaron contra Irak. Y quien lea los textos que expuso el embajador vaticano ante las Naciones Unidas, Monseñor Celestino Migliore, en la reciente Conferencia para la Financiación del Desarrollo (Doha, noviembre del 2008), se dará cuenta de que, efectivamente, existe algo así como una ética social mundial en la iglesia. Y aun así, todo ello  es un poco ‘demasiado poco, demasiado tarde’,  admite el cardenal Danneels. “Nuestra especialidad –desde hace siglos- es más la moral individual que la colectiva. La doctrina social de la iglesia es aún muy reciente. Fue el Papa León XIII quien le puso los cimientos en 1891 con la encíclica Rerum Novarum. Pero en términos de derechos sociales, la iglesia por lo general lleva retraso; el hecho de que no se trate solo de las actitudes de una persona hacia otra, sino también sobre relaciones estructurales y sobre instituciones, hace que se necesite tiempo para el desarrollo de tal visión.”
Durante el periodo previo a las elecciones en los Estados Unidos, una serie de obispos católicos se pronunció claramente en contra del voto para Barak Obama, debido a su posición sobre el aborto. Esto llevó a algunos comentaristas a hablar sobre una iglesia monotemática, pues hace cuatro años no hubo ni un solo obispo que llamara a los católicos a no votar por Bush debido a sus posiciones sobre el cambio climático, a sus políticas de lucha contra la pobreza o a la guerra de Irak.
Danneels no me permite terminar esta observación e interviene decididamente: “Yo nunca realizaría una declaración así. La Iglesia nunca debe atacar a la política tan directamente. Por otra parte, en cuanto a lo que se refiere a la problemática del aborto, hay un documento del Vaticano que plantea que los representantes políticos católicos podrán votar a favor de una propuesta de ley del aborto, si con ello se puede evitar que se apruebe una ley aún mas extrema. La Iglesia permite espacio para la conciencia propia en el parlamento. Y también en la iglesia norteamericana hay un amplio debate acerca de los obispos que se expresaron tan radicalmente. A final de cuentas, la conciencia personal también debe tener su papel  en la evaluación de una cuestión moral. Así pienso yo al menos.”
Los líderes eclesiásticos que se muestran más estrictos en lo que se refiere a la moral personal, suelen resultar los más flexibles cuando se trata de moral social. Cuando se trata de las responsabilidades de los ejecutivos en el mundo financiero, o en empresas multinacionales, las declaraciones pocas veces son tan categóricas como cuando en la agenda se trata de la homosexualidad, por ejemplo. Los gestores de empresas creyentes se pliegan a las exigencias de sus accionistas, incluso cuando sean partidarios de la justicia salarial o mejores condiciones laborales. El argumento es que, si no lo hacen ellos,  el sistema se terminará sirviendo de otros gestores más duros para organizar la explotación. Danneels: “En tal situación se debe hablar de un máximo y un óptimo. El máximo es inalcanzable, creo yo,  por mucho que respetes y defiendas un principio moral. El óptimo es lo mejor que puedes realizar ahora, en este momento y dadas las circunstancias. Si reflexionas bien, puedes aceptar que esto es imperfecto. A quien opta por un óptimo así no se le puede recriminar que le sea infiel a su ideal personal moral. Incluso cuando un jefe de empresa se ve obligado por el sistema a delocalizar o a despedir personal, puede aplicar criterios humanos al tomar esta decisión. No tienen porqué tener en cuenta solo fríos criterios, pueden  tener en cuenta, por ejemplo, si alguien tiene una mayor carga familiar.”
A la Iglesia Católica cada vez más se la mide según sus propios raseros morales. Esto lleva a dolorosas constataciones sobre curas pedófilos u otros abusos por parte de sacerdotes. Pero, qué tal el dinero de la Iglesia?  Invierte la Iglesia su dinero en las acciones más rentables, o lo utiliza para obligar a las multinacionales a  actuar con más ética?  El cardenal Danneels nos habla sobre Oever (Overleg Ethisch Vermogensbeheer, Grupo de Discusión sobre Activos Éticos), un grupo de congregaciones católicas que trabaja desde 1992 para crear una gestión más ética de sus activos. Además, continua el cardenal, existe dentro de la diócesis un consejo económico que sigue de cerca las decisiones financieras de la Iglesia. “Invertir nuestro dinero en la industria armamentística, eso sí que me produciría problemas”. Y, se invirtió dinero de la Iglesia Católica belga en productos financieros derivados (alto riesgo –grandes beneficios), como los que han causado la crisis global? El cardenal lo desconoce. “Incluso los integrantes del consejo económico tienen una visión limitada sobre ello, pues a fin de cuentas, nunca puedes saber a ciencia cierta lo que ocurre con tu dinero, incluso cuando lo depositas en un “buen banco”. Esto no elimina, por supuesto, la responsabilidad de elegir cuidadosamente donde depositarlo.” Quien quiera conocer las idas y venidas de los dineros de la Iglesia ya no topará más contra sus gruesos muros, pues, como cada organización sin fin de lucro, desde el año pasado también la Iglesia debe  presentar sus resultados anuales, y esos resultados se pueden consultar. Al cardenal esto le parece un buen asunto: “No es que lo necesitabamos que alguién nos obligara para invertir nuestros recursos éticamente, pero naturalmente, nunca se sabe”.
El cardenal Danneels subraya que el capital de la Iglesia Católica es menos impresionante de lo que aparenta. Todas las escuelas, hospitales y residencias de salud no son convertibles en dinero, comenta. También es un hecho que la Iglesia posee un enorme patrimonio institucional, mientras que la cifra de creyentes practicantes ha disminuido drásticamente. Evolucionará la Iglesia en Europa hacia lo que el obispo Helder Camara llamó ya en los años setenta “minorías abrahamianas”: comunidades que se basan en la fuerza de su fe, y no en el poder de la institución? Contesta Danneels: “Creo que monseñor Van den Bergh (antiguo obispo de Amberes) tiene razón cuando afirma que no somos una minoría, sino una mayoría que se desmorona. Esta posición es mucho más difícil, pues una minoría actúa desde una identidad definida, desde un cierto espíritu de resistencia. Una minoría tiene capacidad para reclutar nuevos miembros. Una mayoría que se desmorona desaparece en silencio”. 
En todo caso, al cardenal Danneels le complace que la Iglesia Católica del 2009 no sea ya la poderosa Iglesia de hace cincuenta o de trescientos años. “Una religión que practica el poder por el poder está preparada para el colapso. La Iglesia Católica ha cometido este error en el curso de su historia, y aquellos no fueron precisamente sus periodos más felices. Ahora estamos curados de esa fiebre por el poder, en parte porque el poder nos ha sido arrebatado, pero en parte también a consecuencia de nuestra propia reflexión”.
La Iglesia belga ha visto quizás como su posición de poder desaparecía drásticamente, pero no se puede decir lo mismo de la Iglesia Católica Romana como institución mundial. El mero hecho, único entre las religiones mundiales, de que la Iglesia Católica Romana tenga estado propio –la Ciudad del Vaticano-, le proporciona acceso a todo tipo de foros y tribunas, entre otros, Naciones Unidas, donde el Vaticano tiene estatus de miembro observador permanente. Los críticos piensan que con ello la Iglesia pierde capacidad de distanciamiento, en contraste con otras religiones que aparentemente son más radicales en la separación de poderes entre Iglesia y Estado. Danneels no está tan convencido: “Un estado de cuarenta hectáreas garantiza como mucho una cierta independencia del Papa con respecto a Italia –aunque, naturalmente, la policía romana patrulle hasta en la mismísima Plaza de San Pedro. Este estado propio evita que el Papa deba ser ciudadano de otro país, pero, le da poder en el mundo?Lo dudo. Sí le ofrece la  posición para actuar como estado en cualquier lugar del mundo. La Iglesia con ello obtiene voz en el concierto de las naciones, mientras que en caso contrario, sería posible marginalizar la religión hasta convertirla en un simple asunto privado. Yo creo que una iglesia que representa a cientos de millones de cristianos es algo más que eso.” Esta última observación es válida naturalmente también para el Islam, para las iglesias protestantes, para el hinduismo, el budismo… Danneels contesta: “El Islam se identifica a menudo con el estado. Los estados del Magreb, Egipto, Irak e Irán: allí coinciden frecuentemente la organización religiosa con la organización estatal. Entonces pienso que harían mejor en tener también una especie de Ciudad del Vaticano”.
El cardenal destaca el peligro del fundamentalismo religioso, pero al mismo tiempo ve sobre todo muchos creyentes moderados en las iglesias belgas, y también en el mundo musulmán. Al mismo tiempo avisa contra la pérdida de los valores y las normas espirituales. “Durante los últimos cincuenta años todo, literalmente, sufrió un proceso de liberalización, incluyendo la moral pública. Tener dudas sobre cualquier tema se ha convertido más en una pose que una actitud critica. No es casualidad que en el mismo periodo la derecha haya conocido un gran auge. El fundamentalismo y el sectarismo son frecuentemente reacciones al relativismo. Algunas personas prefieren un líder fuerte tras el que poder marchar, a un mundo flotante al que se le van soltando los puntos de sutura”.  No siente el cardenal la tentación de hablar más claro y trazar líneas más definidas con el fin de aprovechar esa necesidad?  El cardenal reacciona sorprendido, pues piensa haber trazado siempre claramente sus líneas. Solo que procura no caer en “la tentación de ‘oneliners’ o slogans, porque la gran explosión que producen cuando uno los pronuncia, se ve engullida por el gran silencio que le sigue un día después. Mi lema es: di lo que tengas que decir, dilo claramente y dilo con amor, si es necesario, con compasión. Hay tanta desesperación.”

 ‘“Una religión que practica el poder por el poder está preparada para el colapso. La Iglesia Católica ha cometido este error en el curso de su historia, y aquellos no fueron precisamente sus periodos más felices
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‘Los Musulmanes harían bién en tener también una Ciudad del  Vaticano
“Una religión que practica el poder por el poder está preparada para el colapso. La Iglesia Católica ha cometido este error en el curso de su historia, y aquellos no fueron precisamente sus periodos más felices
MO* habló con el cardenal Godfried Danneels, el hombre que –por lo pronto- está al frente de la religión – también por lo pronto- mayoritaria en Flandes. Sobre religión, economía mundial y política. Y sobre la conciencia flexible y el poder religioso.
Los caminos del Señor son inescrutables, y en Roma hacen todo lo posible para seguir rigurosamente tan alto ejemplo –al menos en lo que se refiere a las nominaciones de su propio personal dirigente. La carta en la que Godfried Danneels, a sus 75 años, pedía su jubilación, llegó hace ya casi un año al Vaticano. La respuesta y el sucesor aún se hacen esperar. Ni los  ciudadanos, ni los parroquianos, ni el propio cardenal, conocen el porqué de la espera. Daneels duda que el Vaticano esté esperando que se resuelva la situación de estancamiento político en Bélgica, aunque solo sea porque el estancamiento se está volviendo poco a poco tan milenario como el retorno del Mesías. Parece mucho más plausible que se esté concediendo tiempo al cardenal para concluir varios proyectos de trabajo: la llegada a Bruselas desde toda Europa de decenas de miles de jóvenes, dentro del espíritu de la Comunidad de Taizé, durante la última Navidad; la celebración de los 450 años de la diócesis de Malinas-Bruselas en el 2009, y la canonización del Padre Damián, pues después de todo Tremolo, su localidad de origen, se encuentra también en la diócesis.
Godfried Danneels ha sido testigo, durante el último cuarto de siglo, de cómo su Iglesia Católica pasaba de una gran institución poderosa a una comunidad de iglesias medio vacías y creyentes envejecidos. Sin embargo Daneels consiguió estar muy presente en los medios de comunicación belgas, a pesar de que estos son nada amables para los cristianos.  La mayoría de las veces el habló de asuntos internos de la Iglesia, o sobre los valores cristianos. MO* se pregunta si el cardenal y su iglesia también tienen un mensaje en lo relacionado a la globalización, la crisis económica y la interculturalidad. En primera instancia, el cardenal responde que “el auténtico negocio de la Iglesia es Dios, no la geopolítica o la economía mundial”. Aunque añade inmediatamente que todo aquel que reconozca a Dios como su Padre, debe preocuparse por sus hermanos y hermanas. Esta visión de la humanidad como familia global obliga a cada cristiano, según él, a aspirar a una globalización que “no rompa al hombre como hombre, que encuentre un justo equilibrio entre el aspecto individual y el social del hombre y la sociedad” Más precisamente: “La Iglesia está a favor de la globalización del amor, no de la globalización de los beneficios. Debe haber una mejor regularización de la economía mundial, las finanzas, el consumo, la propiedad, el agua, el clima, los productos básicos…”
Esto ya suena algo más concreto que lo que el cardenal tiene en mente, pues “llegados al punto de concretar nuestra visión de una humanidad solidaria  en leyes, estructuras y organizaciones mundiales, entramos en un terreno que sobrepasa las competencias de la iglesia. Esta es, de hecho, la misión de las Naciones Unidas, pero estas tienen demasiado poco poder. Cuando se dan situaciones de violencia en algún lugar, los Estados Miembros hacen lo que les da la gana. Los puntos de vista y los acuerdos que se realizan dentro de la ONU son difíciles de imponer, y las sanciones son escasas.” El papel que deben desempeñar en ello las religiones y las otras opciones de filosofía de vida, es el de crear una conciencia global. “Todavía no cuaja la convicción filosófica de que un mundo sin conciencia global se pierde en la deriva”.
Y con ello volvemos a terreno conocido. La conciencia. En los años sesenta los teólogos abrieron la inflexible moral de la Iglesia con el planteamiento de que cada individuo ha recibido de Dios la libertad de elección y acción, y que esa libertad debe ser dirigida por la propia conciencia, no por duros ukases (decretos del Zar, N.T.) de la jerarquía clerical. En Europa y los Estados Unidos el debate se centró en gran medida en temas de moral sexual y derecho reproductivo. Esto creó la imagen de una iglesia católica especializada en la región alrededor y al sur del ombligo, mientras todo el paisaje de la injusticia mundial quedaba fuera del campo visual de los prelados. Lo cual no es del todo justo. El Papa Juan Pablo II tiene en su haber un par de  drásticas declaraciones que hubieran quedado mejor en el Foro Mundial Social que en una reunión de católicos estrictos. En el 2003 fue uno de los más destacados opositores de la guerra que los Estados Unidos iniciaron contra Irak. Y quien lea los textos que expuso el embajador vaticano ante las Naciones Unidas, Monseñor Celestino Migliore, en la reciente Conferencia para la Financiación del Desarrollo (Doha, noviembre del 2008), se dará cuenta de que, efectivamente, existe algo así como una ética social mundial en la iglesia. Y aun así, todo ello  es un poco ‘demasiado poco, demasiado tarde’,  admite el cardenal Danneels. “Nuestra especialidad –desde hace siglos- es más la moral individual que la colectiva. La doctrina social de la iglesia es aún muy reciente. Fue el Papa León XIII quien le puso los cimientos en 1891 con la encíclica Rerum Novarum. Pero en términos de derechos sociales, la iglesia por lo general lleva retraso; el hecho de que no se trata solo de las actitudes de una persona hacia otra, sino también sobre relaciones estructurales y sobre instituciones, hace que se necesita tiempo para el desarrollo de tal visión.”
Durante el periodo previo a las elecciones en los Estados Unidos, una serie de obispos católicos se pronunció claramente en contra del voto para Barak Obama, debido a su posición sobre el aborto. Esto llevó a algunos comentaristas a hablar sobre una iglesia monotemática, pues hace cuatro años no hubo ni un solo obispo que llamara a los católicos a no votar por Bush debido a sus posiciones sobre el cambio climático, a sus políticas de lucha contra la pobreza o a la guerra de Irak.
Danneels no me permite terminar esta observación e interviene decididamente: “Yo nunca realizaría una declaración así. La Iglesia nunca debe atacar a la política tan directamente. Por otra parte, en cuanto a lo que se refiere a la problemática del aborto, hay un documento del Vaticano que plantea que los representantes políticos católicos podrán votar a favor de una propuesta de ley del aborto, si con ello se puede evitar que se apruebe una ley aún mas extrema. La Iglesia permite espacio para la conciencia propia en el parlamento. Y también en la iglesia norteamericana hay un amplio debate acerca de los obispos que se expresaron tan radicalmente. A final de cuentas, la conciencia personal también debe tener su papel  en la evaluación de una cuestión moral. Así pienso yo al menos.”
Los líderes eclesiásticos que se muestran más estrictos en lo que se refiere a la moral personal, suelen resultar los más flexibles cuando se trata de moral social. Cuando se trata de las responsabilidades de los ejecutivos en el mundo financiero, o en empresas multinacionales, las declaraciones pocas veces son tan categóricas como cuando en la agenda se trata de la homosexualidad, por ejemplo. Los gestores de empresas creyentes se pliegan a las exigencias de sus accionistas, incluso cuando sean partidarios de la justicia salarial o mejores condiciones laborales. El argumento es que, si no lo hacen ellos,  el sistema se terminará sirviendo de otros gestores más duros para organizar la explotación. Danneels: “En tal situación se debe hablar de un máximo y un óptimo. El máximo es inalcanzable, creo yo,  por mucho que respetes y defiendas un principio moral. El óptimo es lo mejor que puedes realizar ahora, en este momento y dadas las circunstancias. Si reflexionas bién, puedes aceptar que esto es imperfecto. A quién opta por un óptimo así no se le puede recriminar que le sea infiel a su ideal personal moral. Incluso cuando un jefe de empresa se ve obligado por el sistema a delocalizar o a despedir personal, puede aplicar criterios humanos al tomar esta decisión. No tienen porqué tener en cuenta solo fríos criterios, pueden  tener en cuenta, por ejemplo, si alguien tiene una mayor carga familiar.”
A la Iglesia Católica cada vez más se la mide según sus propios raseros morales. Esto lleva a dolorosas constataciones sobre curas pedófilos u otros abusos por parte de sacerdotes. Pero, qué tal el dinero de la Iglesia?  Invierte la Iglesia su dinero en las acciones más rentables, o lo utiliza para obligar a las multinacionales a  actuar con más ética?  El cardenal Danneels nos habla sobre Oever (Overleg Ethisch Vermogensbeheer, Grupo de Discusión sobre Activos Éticos), un grupo de congregaciones católicas que trabaja desde 1992 para crear una gestión más ética de sus activos. Además, continua el cardenal, existe dentro de la diócesis un consejo económico que sigue de cerca las decisiones financieras de la Iglesia. “Invertir nuestro dinero en la industria armamentística, eso sí que me produciría problemas”. Y, se invirtió dinero de la Iglesia Católica belga en productos financieros derivados (alto riesgo –grandes beneficios), como los que han causado la crisis global? El cardenal lo desconoce. “Incluso los integrantes del consejo económico tienen una visión limitada sobre ello, pues a fin de cuentas, nunca puedes saber a ciencia cierta lo que ocurre con tu dinero, incluso cuando lo depositas en un “buen banco”. Esto no elimina, por supuesto, la responsabilidad de elegir cuidadosamente donde depositarlo.” Quien quiera conocer las idas y venidas de los dineros de la Iglesia ya no topará más contra sus gruesos muros, pues, como cada organización sin fin de lucro, desde el año pasado también la Iglesia debe  presentar sus resultados anuales, y esos resultados se pueden consultar. Al cardenal esto le parece un buen asunto: “No es que lo necesitabamos que alguién nos obligara para invertir nuestros recursos éticamente, pero naturalmente, nunca se sabe”.
El cardenal Danneels subraya que el capital de la Iglesia Católica es menos impresionante de lo que aparenta. Todas las escuelas, hospitales y residencias de salud no son convertibles en dinero, comenta. También es un hecho que la Iglesia posee un enorme patrimonio institucional, mientras que la cifra de creyentes practicantes ha disminuido drásticamente. Evolucionará la Iglesia en Europa hacia lo que el obispo Helder Camara llamó ya en los años setenta “minorías abrahamianas”: comunidades que se basan en la fuerza de su fe, y no en el poder de la institución? Contesta Danneels: “Creo que monseñor Van den Bergh (antiguo obispo de Amberes) tiene razón cuando afirma que no somos una minoría, sino una mayoría que se desmorona. Esta posición es mucho más difícil, pues una minoría actúa desde una identidad definida, desde un cierto espíritu de resistencia. Una minoría tiene capacidad para reclutar nuevos miembros. Una mayoría que se desmorona desaparece en silencio”. 
En todo caso, al cardenal Danneels le complace que la Iglesia Católica del 2009 no sea ya la poderosa Iglesia de hace cincuenta o de trescientos años. “Una religión que practica el poder por el poder está preparada para el colapso. La Iglesia Católica ha cometido este error en el curso de su historia, y aquellos no fueron precisamente sus periodos más felices. Ahora estamos curados de esa fiebre por el poder, en parte porque el poder nos ha sido arrebatado, pero en parte también a consecuencia de nuestra propia reflexión”.
La Iglesia belga ha visto quizás como su posición de poder desaparecía drásticamente, pero no se puede decir lo mismo de la Iglesia Católica Romana como institución mundial. El mero hecho, único entre las religiones mundiales, de que la Iglesia Católica Romana tenga estado propio –la Ciudad del Vaticano-, le proporciona acceso a todo tipo de foros y tribunas, entre otros, Naciones Unidas, donde el Vaticano tiene estatus de miembro observador permanente. Los críticos piensan que con ello la Iglesia pierde capacidad de distanciamiento, en contraste con otras religiones que aparentemente son más radicales en la separación de poderes entre Iglesia y Estado. Danneels no está tan convencido: “Un estado de cuarenta hectáreas garantiza como mucho una cierta independencia del Papa con respecto a Italia –aunque, naturalmente, la policía romana patrulle hasta en la mismísima Plaza de San Pedro. Este estado propio evita que el Papa deba ser ciudadano de otro país, pero, le da poder en el mundo?Lo dudo. Sí le ofrece la  posición para actuar como estado en cualquier lugar del mundo. La Iglesia con ello obtiene voz en el concierto de las naciones, mientras que en caso contrario, sería posible marginalizar la religión hasta convertirla en un simple asunto privado. Yo creo que una iglesia que representa a cientos de millones de cristianos es algo más que eso.” Esta última observación es válida naturalmente también para el Islam, para las iglesias protestantes, para el hinduismo, el budismo… Danneels contesta: “El Islam se identifica a menudo con el estado. Los estados del Magreb, Egipto, Irak e Irán: allí coinciden frecuentemente la organización religiosa con la organización estatal. Entonces pienso que harían mejor en tener también una especie de Ciudad del Vaticano”.
El cardenal destaca el peligro del fundamentalismo religioso, pero al mismo tiempo ve sobre todo muchos creyentes moderados en las iglesias belgas, y también en el mundo musulmán. Al mismo tiempo avisa contra la pérdida de los valores y las normas espirituales. “Durante los últimos cincuenta años todo, literalmente, sufrió un proceso de liberalización, incluyendo la moral pública. Tener dudas sobre cualquier tema se ha convertido más en una pose que una actitud critica. No es casualidad que en el mismo periodo la derecha haya conocido un gran auge. El fundamentalismo y el sectarismo son frecuentemente reacciones al relativismo. Algunas personas prefieren un líder fuerte tras el que poder marchar, a un mundo flotante al que se le van soltando los puntos de sutura”.  No siente el cardenal la tentación de hablar más claro y trazar líneas más definidas con el fin de aprovechar esa necesidad?  El cardenal reacciona sorprendido, pues piensa haber trazado siempre claramente sus líneas. Solo que procura no caer en “la tentación de ‘oneliners’ o slogans, porque la gran explosión que producen cuando uno los pronuncia, se ve engullida por el gran silencio que le sigue un día después. Mi lema es: di lo que tengas que decir, dilo claramente y dilo con amor, si es necesario, con compasión. Hay tanta desesperación.”

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