“Resolver la crisis con menos desigualdad y más sostenibilidad”

Joseph Stiglitz es uno de los economistas más influyentes del mundo contemporaneo, y su crítica de la mundialización recibe en tiempos de crisis también atención y respeto de ambientes politicos y financieros. En dos informes recientes expresa sus propuestas para una globalización más inclusiva y una economía equitativa.
Habla ‘staccato’, como alguien que tiene mucho más que decir de lo que puede en el tiempo que le está asignado – en una conferencia, en una entrevista, o más general aquí en la tierra.
La velocidad de su pensamiento parece aún más grande, porque muchas veces tropieza en su discurso, pero un instante después las frases bien construidas, las cifras relevantes y las estadisticas vuelven a brotar. Stiglitz enseña en la Universidad de Colombia en Nueva York y recibió en el 2001 el premio Nobel de Economía. De 1997 a 2000 era cabeza de economía y vicepresidente del Banco Mundial. De 1993 a 1997 era miembro del Consejo Americano de Asesores Económicos, lo cual precedió durante los dos ultimos años. En 2008 Nicolas Sarkozy le pidió a él y a su compañero Premio Nobel Amartya Sen un informe sobre maneras de como medir prestaciones económicas y progreso social. Luego en aquel año el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas solicitó a Stiglitz presidir  una comisión para reformas necesarias del sistema financiero y económico.

Algunos dicen que la crisis financiera y económica ya llegó a su fin. ¿Tienen razón?
Joseph Stiglitz: La economía mundial todavía no se salvó. La fuerte disminución de la demanda se amortiguó a corto plazo por programas de estimulación de los gobiernos en los países ricos, pero quieren eliminar el déficit presupuestario lo más pronto posible, aunque sabemos que por eso la crisis será más larga y más dura. Además vemos aparecer un montón de desempleados, mientras que también hay una gran demanda de bienestar social e inversiones verdes. Una buena respuesta trataría de vincular esta sobreoferta y esta demanda que queda sin respuesta, en vez de tratar de eliminar lo más pronto posible todos los déficit del gobierno.
¿Usted estima las reacciones a la crisis insuficientes?
Joseph Stiglitz: En los Estados Unidos algunas personas están a favor de dar más poder al “Federal Reserve”, al Banco Nacional. El problema es que el “Fed” antes de la crisis no utilizaba todo el poder que tenía y que además utilizaba un modelo que no detectaba las ilusiones económicas y el crecimiento torcido. Yo nunca daría más poder a una institución que es coresponsable de la crisis, a menos que cambie su análisis economico de manera fundamental. Esto no sucede con el “Fed”.
¿Esto lo hace el Fondo Monetario Internacional (FMI), que recibe mucho más recursos y poder, sobre todo de los G20?
Joseph Stiglitz: El FMI y otras instituciones de finanzas promovieron durante años la deregulación y liberalización de los mercados de capitales, y así han ayudado a crear la crisis. Aún si estas instituciones hubieran aprendido de sus errores, queda una falta de confianza, tanto en los países en vías de desarrollo como en los con un excedente financiero, que se podría utilizar para el desarrollo de otros. Esa desconfianza hace casi imposible al FMI jugar ese papel central que recibió de los G20.
¿Esta desconfianza hacia el FMI hoy en día está todavía justificada?
Joseph Stiglitz : Hoy en día el FMI ya no va a llegar con una lista de exigencias estructurales y macro-económicas, pero escucho de varios gobiernos que la práctica no ha cambiado mucho. Se les hace entender informalmente cuales son las condiciones, para que el gobierno mismo pueda lanzar una propuesta que pueda ser aprobada por el FMI. Muchas veces pedirán una corrección social en la propuesta, para dar una buena impresión en el podio internacional. Sé de algunos casos en los cuales el Ministro de Finanzas no quería participar en este escenario, y fue remplazado por alguien más dócil.
¿Usted está a favor de un aporte económico de los gobiernos para combatir la crisis?
Joseph Stiglitz:  Sí, aunque la manera en que lo hacen, puede causar nuevas desviaciones. Los bancos, empresas de autos y otras industrias, como parece ahora, pueden refugiarse en el gobierno cuando tienen problemas. O sea, en los países industriales, porque los países en vías de desarrollo no tienen los recursos para esto. Empresas del Norte pueden entonces simplemente tomar riesgos más grandes, porque saben que van a ser salvados si algo marcha mal. Las operaciones de rescate de los gobiernos occidentales han cambiado de una manera fundamental la apariencia de la globalización. Lo que tenía que ser un campo de juego igual para todos, ahora está ajustado radicalmente a favor de las empresas de los países industriales. Y esta situación no se la puede corregir a corto o mediano plazo. Los países en desarrollo además son más afectados por la crisis que los ricos, aunque muchos de estos tienen una mejor regulación financiera y hasta mejores  banqueros nacionales que nosotros. Solo les faltan los recursos para salir de la crisis haciendo muchos gastos extras.
¿Países en vías de desarrollo tienen mejores bancos centrales que los países ricos, dice usted?    
 
Joseph Stiglitz:  La autonomía de los bancos centrales es muy discutido ahora con la crisis actual, porque países como la India, China y Brasil no tienen un banco independiente central, pero sí tienen muy buenos banqueros centrales. Ellos aguantaron la crisis mucho mejor que los países en los cuales hay una independencia. Esta “independencia” pues significa autonomía hacia control politico y del gobierno, aunque trabajan con el dinero de los contribuyentes. Los bancos centrales independientes claramente no han podido resistir la presión de los grupos de presión financieros, lo que causó burbujas financieras.
Con la discusión sobre las nuevas reglas necesarias para la economía mundial, hay mucho interes para las grandes bonificaciones en el sector financiero. ¿Es pertinente?
Joseph Stiglitz : Las reformas tienen que ir mucho más allá. Tenemos que empezar a reconocer que nuestro sector financiero no ha hecho lo que tenía que hacer: manejar riesgos de capital a bajo costo de transacción. En la realidad se ha trabajado con enormes costos de transacción: cuarenta porciento de todas las ganancias de las empresas se consiguieron en el sector financiero, mientras que un sector financiero que trabaja bien, tendría que ser pequeño, un medio para alcanzar un objetivo en vez de ser un objetivo en sí.
El problema moral tampoco no es solo un asunto de individuos morales. Los bancos que son too big to fail (demasiado grande para fracasar), saben que pueden apostar. Si ganan, se marchan con la plata en el bolsillo. Si pierden, el contribuyente pagará la cuenta. Y la mala noticia es que ese problema se volvió mucho más grande por la crisis y por la manera en la cual ha sido enfrentada. Hay más concentración en el mundo banquero, hoy hay bancos más grandes que antes de la crisis, y además la seguridad que tienen de ser salvados hoy en día es más grande que hace dos años. La idea de que  accionistas merecen la misma protección del gobierno que los ahorristas e instituciones, es completamente nueva en el pensamiento económico.
¿Una reforma drástica también cuestiona también el pensamiento económico en sí?
Joseph Stiglitz: Así es. A nivel mundial las desproporciones nacieron como consecuencia del enfoque equivocado de las crises asiaticas y latinoamericanas a finales de los años noventa. Muchos países de estas regiones decidieron crear grandes reservas financieras. Eso resultó en enormes reservas de ahorro, anualmente 500 billones de dólares. Pero como no gastaron ese dinero, la demanda a nivel mundial disminuyó. Esa demanda solo podía seguir creciendo gracias al consumo americano, impulsado por deudas. Una posible respuesta a esa paradoja es un sistema mundial de reserva, para que los países surgidores no tengan que guardar tanto capital fuera del mercado. Estados Unidos está en contra, pero como China, el país con las más grandes reservas, lo quiere incluir en el orden del día. Washington no lo puede impedir sin razón. Los 1,5 billones de dólares de reservas que ellos mantienen, son considerados para ellos como arriesgado. Si el mundo quita el dolar, por supuesto también habrá desventajas para los EEUU. Pero al mismo tiempo el sistema ha sido muy caro para los EEUU porque la combinación del consumo sobrenadando en deudas en los EEUU y sobrantes enormes en China por ejemplo ha procurado que la economía mundial sea más  inestable. Nosotros exportamos bonos del estado en vez de autos, pero esos no crean empleo. Además en ese sistema los países en desarrollo prestan billones de dólares a los EEUU, sin intereses. Esto es una forma de ayuda al desarrollo del Tercer Mundo a los EEUU.  
En el informe que usted escribió para el presidente de Francia Sarkozy, usted aboga por nuevos instrumentos de medición económicos y sociales. ¿Eso es más que un debate académico?
Joseph Stiglitz: Los políticos toman decisiones en base a números y datos duros. Pero cuando hay errores en los instrumentos y entonces en los resultados, también la política que se basa en ello tiende a equivocarse. En cierto modo lo demuestra esta crisis reciente. Antes de la crisis todos tenían que seguir la política económica de los EEUU, porque lucía tan exitosa en las estadisticas. Pero lo que no mide el crecimiento del producto interior bruto (PIB) es la sostenibilidad de ello. Argentina también se apuntaba muy bien con nuestros instrumentos de medición en el período 1996-2000. Solo que debajo de los números de crecimiento espectaculares se encontró una explosión de consumo financiado por deudas – igual como en los EEUU en los últimos años.
¿Como se puede corregir esto?
Joseph Stiglitz: Hay que mirar la evolución de prosperidad para el “ciudadano típico”, la persona  que se encuentra justo en la mitad de la escala de prosperidad. En un mundo de desigualdad incrementando ese “ciudadano típico” vive una realidad completamente diferente que el “ciudadano  promedio”. En jerga matemática: hay que medir el mediano en vez del promedio. Recientes cifras de los EEUU demuestran por ejemplo que el ingreso familiar mediano en 2008 era el 4 porciento más bajo que en el año 2000. En otras palabras: incluso antes de la crisis, la mayoría de los Estadounidenses después de 8 años de fuerte crecimiento económico, se había empobrecido. El abismo creciente entre el PIB pro habitante y el ingreso familiar mediano explica también el abismo entre la convicción de los políticos de que el país progresa y la experiencia de la mayoría de los ciudadanos que retroceden.
¿También la ausencia de los costos del ambiente en la cifra PIB le parece problemática?
Joseph Stiglitz: Uno de los problemas desde el punto de vista económico, es que en la economía  hasta ahora siempre se hacía como si el precio de la atmósfera – en realidad un recurso muy escaso – fuera cero. No sabemos con certeza cuanto tendría que costar una tonelada de carbono, pero sabemos que el precio correcto parece más al 100 dólares por tonelada que a cero dólares. Ese “error de cálculo” distorsiona toda la manera en la cual miramos las prestaciones económicas de nuestro modelo actual. Por eso es tan importante hoy en día incluir la huella ecológica como uno de los indicadores.
Otra falla del PIB es que es dificil tomar en cuenta corectamente los gastos públicos.
Joseph Stiglitz: En Francia los servicios de salud – la mayor parte son públicos - valen el 11 porciento del PIB, en los EEUU los servicios de salud – la mayor parte son privados – valen el 16 porciento del PIB. El enfoque francés da mejores resultados, pero la ineficiencia de los servicios de salud estadounidenses contribuye al crecimiento del PIB de EEUU, porque para los sectores públicos medimos el input, no el output. Este tipo de “errores” en las cifras crece evidentemente cuando la parte del gobierno en la economía crece, y esa parte en los países del OCDE ha aumentado de 25 porciento promedio a 45 porciento.
¿Usted tiene una propuesta concreta para remplazar el PIB por un instrumento de medición mejor?
Joseph Stiglitz: El PIB no debe ser remplazado por un único instrumento de medición nuevo, sino por una serie de mediciones que permitan comparabilidad entre países en el tiempo, y al mismo momento permitan mucho más diferenciación en los países. Uno de estos es el ingreso familiar mediano, pero también se necesita cifras correctas de pobreza, porque se necesita saber qué consecuencias tiene la politica seguida en la parte de abajo de la sociedad. Y hace falta indicadores de sostenibilidad, sino no se sabe si la política seguida es sostenible y sustentable.
¿Para que países el revisar de los instrumentos de medición sería extra importante?
Joseph Stiglitz: Para las economías que se apoyan en recursos naturales no renovables. Ellos viven de su propio futuro, lo que hace su economía no sostenible. También para países que basan su crecimiento económico en deudas, el PIB es un instrumento de medición francamente mal. Los dos grupos de países podrán mostrar cifras de PIB muy bonitas, pero el primer grupo tiene un problema con la sostenibilidad ecológica, el segundo con la sostenibilidad económica. En el futuro tenemos que evitar que una política errónea sea representada como un ejemplo a seguir. 

Para una versión más larga de esta entrevista y para links directos hacia informes recientes: vean www.MO.be/stiglitz. Esta entrevista es el producto de tres encuentros recientes con dr. Joseph Stiglitz. El 21 de septiembre él presentó en la Fundación Carnegie en Nueva York el informe definitivo  Report of the Commission of Experts of the President of the United Nations General Assembly on Reforms of the International Monetary and Financial Systems. El 22 de septiembre presentó en el consulado francés en Nueva York el informe  Report by the Commission on the Measurement of Economic Performance and Social Progress. El 12 de octubre Stiglitz estuvo en Bruselas por invitación del Partido de Socialistas Europeas y Friends of Europe, para hablar de la regularización del sector bancario.


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