Saramago: un maestro con un campesino en su interior

El escritor y Premio Nobel de Literatura José Saramago, continúa siendo objeto tanto de halagos como de reproches. Tras su muerte el 18 de junio, el pueblo portugués y todo el mundo de la literatura se han despedido del autor en un emotivo funeral. Por su parte, el Vaticano ha aprovechado este momento para atacar a Saramago en su diario oficial por sus pensamientos e ideas políticas, pareciendo que celebraban la muerte del difunto

Un escritor que será recordado


La historia del novelista ha sido de idas y venidas, incluso con su país, el cual abandonó para marcharse a la isla de Lanzarote (España) debido a las críticas recibidas por sus pensamientos y obras. El traslado se produce tras escribir El Evangelio según Jesucristo, cuando el gobierno lo vetó su presentación al Premio Literario Europeo del año, porque según ellos, “ofendía a los católicos”. Pero el pueblo portugués y Saramago se reconciliaron tras ganar el Premio Nobel de Literatura, a partir de ahí, compartió su residencia entre Lanzarote y Lisboa, participando activamente en la vida social de ambas ciudades.
Saramago,nacido en 1922 en una aldea portuguesa situada en Azinhaga, Santarem.Allí forjó ese carácter que lo ha hecho tan especial para tanta gente, y a su vez, odiado por otros por sus críticas al modelo capitalista y la Iglesia. El escritor de ideología comunista y ateo, comenzó a ser reconocido a partir de los 50 años.
Su primera gran obra fue Levantado del suelo, pero fue con su novela, Ensayo sobre la ceguera, la cual ha sido llevada por Fernando Meirelles al cine en 2008, donde verdaderamente destapó el tarro de las esencias, sirviéndole ésta para obtener el Premio Nobel de Literatura, llegando a ser el primer portugués en ser obsequiado con dicho galardón.
En su funeral, el escritor fallecido a los 87 años, fue incinerado junto al libro Memorial del Convento, con el cual conoció a su esposa. Al mismo, acudieron numerosas autoridades e intelectuales del país. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, emocionada dijo que para ella, Saramago “era un referente intelectual que demostró, con su compromiso, para qué sirven la literatura y los intelectuales”.
Pero ellos no son los únicos que han hablado para conmemorar al gran escritor. La gente del pueblo, como la estudiante portuguesa Raquel Páscoa anade, “Saramago ha muerto, pero su nombre, su obra y sus ideas, están condenadas a la inmortalidad”, mostrando así que mucha gente lo recordará por mucho tiempo.
El autor, ha llegado a estar veinte años sin escribir, porque pensaba que“sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar”.También dijo que “si tiene que ser recordado por alguno de sus personajes de sus libros le gustaría ser el perro de las lagrimas del libro Ensayo sobre la Ceguera. Su última novela, Caín, fue publicada el pasado año. Finalmente, el novelista luso nos abandonó tras un fallo en su organismo, debido a una leucenia crónica que sufría desde hace algún tiempo.

El Vaticano, en contra de sus ideas


Las reacciones del Vaticano no se han hecho esperar, y en unas declaraciones emitidas en su diario oficial, L´Osservatore Romano, han atacado al escritor pareciendo incluso que se “alegraban” por su muerte. Saramago ha sido uno de los intelectuales que más fervientemente ha atacado a la Iglesia, pronunciando frases contundentes como, “los seres humanos inventaron a Dios, y luego se esclavizaron a Él”.
El Vaticano tilda a José de “populista extremista de ideología anclada en el marxismo”. El autor del texto, Claudio Costani escribe, “fue un hombre y un intelectual de ninguna admisión metafísica, hasta el final anclado en una proterva confianza en el materialismo histórico, alias marxismo”.
“Por lo que respecta a la religión, atada como ha estado siempre su mente por una desestabilizadora intención de hacer banal lo sagrado y por un materialismo libertario que cuanto más avanzaba en los años más se radicalizaba, Saramago no se dejó nunca abandonar por una incómoda simplicidad teológica”, afirma el autor del texto.
La Iglesia católica portuguesa se ha mostrado más cautelosa con sus afirmaciones, y corroboró la gran obra del escritor, aunque lamentó los problemas y polémicas que habían ocurrido entre Saramago y la religión por sus comentarios o algunos de sus libros. El Secretariado Nacional de la Pastoral de Cultura de la Iglesia católica lusa anadio que “Saramago fue un gran creador de la lengua portuguesa, el cristianismo y el texto bíblico interesaron mucho al autor como objeto de su recreación literaria”.
A pesar de no criticar públicamente al novelista, si que afirmaron que es una pena que la “aproximación” del Nobel de literatura a la religión “no fuese llevada más lejos y de forma más desprendida de posicionamientos ideológicos”.

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