Sentimientos confusos en Colombia

Es muy probable que el presidente colombiano Alvaro Uribe sea de nuevo candidato en las elecciones en mayo del año próximo. Sería la tercera vez consecutiva. Aunque su política interior no es tan exitosa y aunque su política exterior polariza aún más la situación en la región, su popularidad sigue alta.
Poco falta para que el presidente Uribe pueda presentar a los votantes un referéndum en el cual pueden pronunciarse si dan el permiso o no para adaptar la constitución para que alguien pueda presentarse tres veces como candidato para la presidencia. La Cámara de Diputados y el Senado han dado ya su aprobación. Sólo falta esperar la buena vista de el Tribunal Constitucional. Se espera la decisión para noviembre. Uribe enfatiza que, aunque haya un referéndum y el resultado sea positivo, quiere pensarlo bien antes de realmente acudir a esta posibilidad. Pero si él no se propone como candidato, será su mano derecha, el anterior ministro de defensa Juan Manuel Santos. No hay que temer mucho a los partidos de la oposición – el Partido Liberal o el Polo Democrático Alternativo – porque ellos van a votar de forma muy dividida.


¿Seguridad interna?



Sin duda el presidente colombiano ha asegurado más seguridad en las ciudades durante sus dos pasados mandatos. Para el colombiano promedio este es un cambio total. Es sobre todo el resultado de la política de “seguridad democrática”. Esa medida procuraba más militares y patrullas civiles en las calles y un proceso de negociaciones con los paramilitares de las AUC, responsables de la mayoría de las violaciones de los derechos humanos. Hoy sin embargo los éxitos de las negociaciones resultan aparentemente relativos. Una parte de las AUC ha entregado las armas y unos dirigentes fueron llevados a juicio, pero gran parte se ha integrado en nuevos grupos armados, muchas veces pandillas no estructuradas, los niags (new illegal armed groups) como les llama el thinktank International Crisis Group (Grupo de Crisis Internacional). Esto, en combinación con las redes fragmentadas y dispersas de narcotraficantes que -después de desarticular los grandes carteles de narcotráfico - también buscan cómo integrarse en la sociedad, es un coctel muy tóxico.

Otro lado oscuro de la política del gobierno es el fenómeno de los llamados falsos positivos, que sobre todo afecta grave a la población del campo. Civiles inocentes son asesinados por militares, que les disfrazan luego como guerrilleros, para así poder manipular los éxitos en la lucha contra los rebeldes. O al menos hacer parecer los resultados como más positivos – y así poder tener un sueldo más alto. En junio el relator de la ONU Philip Alston concluyó que no se trata de casos excepcionales, sino que de prácticas repetidas sistemáticamente. Según el jefe de la Corte Suprema, Mario Iguarán, el número de “falsos positivos” había subido en junio a más de mil casos. El gobierno mientras tanto ha intentado de remediar y ha despedido a 51 soldados y 75 siguen bajo investigación. Incluso Ian Kelly, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de los EE.UU., reprochó a Colombia a mediados de Septiembre cuando el país, a pesar de estas prácticas, recibió aún el certificado del buen comportamiento que los EE.UU. anualmente otorgan a países que han mostrado méritos en la lucha contra las drogas. Este “certificado” es una exigencia para poder recibir el apoyo financiero que se ha acordado en el marco del Plan Colombia. Anualmente los EE.UU. inyectan 550 millones de dólares en Plan Colombia.  

Tensiones exteriores



Las relaciones entre EE.UU. y Colombia son exelentes. El presidente Uribe anunció este verano que están haciendo un acuerdo para dar acceso a los EE.UU. a siete bases militares: tres de las fuerzas aéreas, dos de la base naval y dos del ejército. Aparte del Perú, ninguno de los países vecinos estaba muy feliz con esta decisión. Los países vecinos ven este aumento de la presencia militar de los EE.UU. como una amenaza a la estabilidad en la región y algunos ven emergiendo de nuevo esta imagen del fin del mundo de la Guerra Fría. Por ejemplo Brasil está muy preocupado. Delante de la costa Atlántica está patrullando desde el año pasado la Cuarta Flota encima de las reservas enormes de petróleo que Brasil tiene allí. También en la Amazonía hay una presencia creciente de militares de los EE.UU.

La década pasada América Latina ha luchado para su soberanía. No sólo el rebelde Chávez sino también los presidentes más moderados como Lula de Brasil y Bachelet de Chile ya no toleran más tanto servilismo a los EE.UU. También en la Unasur, la Unión de países Sur-Americanos, Colombia es uno de los miembros disidentes que amenaza regularmente con dejar la unión. Los presidentes Uribe de Colombia y Alan García de Perú eran los ausentes más notables en la Cumbre de la Unasur con la Unión Africana a finales de septiembre en la Isla Margarita de Venezuela. La Cooperación Sur-Sur que estaba en el programa allí, no es tan importante para la agenda de ellos.


Juegos geoestratégicos


Las relaciones tensas entre el presidente Uribe y su colega Chávez de Venezuela se encuentran constantemente a punto de hervir y a ambos lados de la frontera se siente el temor por una invasión. Pero desde marzo 2008, cuando Colombia invadió Ecuador para destruir  unos campamentos de las FARC, creció también el conflicto duro con Ecuador y ambos países han interrumpido sus relaciones diplomáticas. Desde entonces aparecen en repetidas ocasiones nuevas “evidencias” de relaciones entre el Gobierno Ecuatoriano de Correa con los rebeldes de las FARC en Colombia.
Esta confrontación entre los dos presidentes es más que sólo una disputa fronteriza. Correa y Uribe están diametralmente opuestos en cuanto a la visión política. El presidente de Ecuador expresó abiertamente su apoyo para el ALBA y no por nada era el primero en mostrar su apoyo al derrocado Zelaya de Honduras. Junto con Zelaya, Correa se siente un blanco para bloquear el proyecto del ALBA. El fortalecimiento militar sigue yendo adelante desde que Hugo Chávez obsequió seis aviones de combate Mirage 50 a Rafael Correo a finales de septiembre. Venezuela mismo les desechó porque está negociando la compra de nuevos aviones con Rusia. Ecuador está negociando con Sud-África la compra de 12 aviones Cheetah (Mirage adaptados). Antes ya había comprado también aviones Super Tucano, radares y helicópteros de Brasil. La carrera armamentista parece haber arrancado.

Mientras tanto la Unión Europea también ha elegido una posición en este juego geopolítico. La Unión Europea se está apurando para hacer un Acuerdo de Asociación con los países andinos (Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador). Pero después de cuatro rondas de negociaciones Bolivia y Ecuador son eliminados y sólo siguen negociando con Perú y Colombia. Las negociaciones ya sólo tratan de acuerdos de comercio que optan para el libre comercio de una manera aún más radical que en los acuerdos con los EE.UU.          
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