Héctor Abad: ‘Sobre todo la verdad puede curar Colombia’

¿Uno de los libros más bonitos que he leído en la vida?  ‘El olvido que seremos’ del escritor colombiano Héctor Abad. Durante una conversación por Skype Abad cuenta sobre la paz por venir, perdonar, y cuán bonito será no tener que escribir sobre la violencia algún día.

En 2006, se publicó El olvido que seremos. Una historia sobre la relación entre padre e hijo, y una familia. Una narración sincera y tierna de un chico, y más tarde un hombre, sobre su padre. Y la historia realista sobre el padre de Abad, defensor de derechos humanos, quien fue asesinado por los paramilitares.

Una reconstrucción realista con nombres, fechas y testimonios que traslada directamente al lector a los años 80 violentos en Medellín y el campo alrededor de la ciudad: ‘Los desalojos de indígenas de las haciendas de terratenientes (con el asesinato del sacerdote indígena que los apoyaba); la desaparición de un estudiante; la tortura de un profesor; las protestas reprimidas con sangre, el asesinato repetido de líderes sindicales; los secuestros injustificables de la guerrilla … Todo esto lo denunció una y otra vez mi padre’, escribe Abad.

Casi treinta años después de que el padre de Abad fue asesinado, y diez años después de la publicación de su libro, Colombia está a punto de empezar un nuevo capítulo.

De la realidad tajante de haber perdido una persona querida a la historia esperanzadora sobre el futuro de una Colombia sin violencia.

De la realidad tajante de haber perdido una persona querida a la historia esperanzadora sobre el futuro de una Colombia sin violencia. El sujeto de una charla agradable, realista, pero optimista entre un escritor colombiano y una periodista belga; de la Universidad de Medellín a una sala de estar en Amberes, uno de estos encuentros particulares.

En El olvido que seremos, escribe sobre su padre: “No predicaba una revolución violenta, pero sí un cambio radical en las prioridades del Estado, con la advertencia de que si no les daba a todos los ciudadanos al menos la igualdad de oportunidades, además de condiciones mínimas de subsistencia digna, y cuanto antes, durante mucho más tiempo habríamos de sufrir violencia, delincuencia, surgimiento de bandas armadas y de furibundos grupos guerrilleros.’
El acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC promete mucho, sobre todo en el campo. ¿Dónde piensa usted que hay oportunidades para Colombia y cómo ve la posibilidad de cambio?

Héctor Abad: En Colombia, muchas cosas necesitan ser abordados, aparte de la necesidad de un acuerdo de paz. En el acuerdo se habla entre otros sobre el acceso a agua potable y vivir dignamente. Esto debería ser el programa de cada país que aspira a la igualdad, a circunstancias de vida buenas para todos.

El acuerdo de paz es muy extenso, incluso más que la constitución.

El acuerdo de paz es muy extenso, incluso más que la constitución, pero contiene partes valiosas. Específicamente la parte sobre el campo es importante, porque el conflicto colombiano tiene sus raíces en el campo. Las zonas rurales son las que sufrieron más por el conflicto. Por lo tanto es paradójico que en el referéndum los colombianos de las ciudades pueden tener más peso porque sobrepasa a la población rural en número. Pero bueno, así es, en la democracia, cada ciudadano tiene un voto.

Es difícil definir qué política socioeconómica conduce al desarrollo de la población entera. Una economía de agricultura a gran escala en la que zonas grandes de tierra linda y fértil pertenecen a pocos seguramente no es el modelo correcto. Necesitamos un modelo en el que la tierra sea distribuida de mejor manera y en el que los campesinos tengan la posibilidad de producir comida. El presente acuerdo de paz tuvo este aspecto en cuenta.

Debería ser posible la combinación de dos modelos distintos. La agroindustria integrada con la ideología tradicional de izquierdas, sobre todo la reforma agraria y la redistribución de la tierra a los que la trabajan. Es necesaria una producción alimentaria eficiente para la densa población de Colombia y el mundo superpoblado. Hay que tener muchos factores en cuenta hablando de una producción alimentaria eficiente: el respeto por la naturaleza, el calentamiento global, abolir el latifundismo improductivo y más tierra para los campesinos.

Si el Estado ahora no provee escuelas, hospitales, programas para mejorar la fertilidad de la tierra… volveremos a la situación como era cuándo empezó el conflicto.

Espero que muchas reformas, pospuestas por el conflicto, ahora sí podrán ser realizadas. Antes la excusa para no poner en práctica reformas en el campo era que había demasiado violencia, que no era posible llegar a la zona y que había pocos recursos por los gastos militares elevados para costear el ejército y las armas. Ahora ya no existe ese subterfugio. Si el Estado ahora no provee escuelas, hospitales, programas para mejorar la fertilidad de la tierra, acueductos, etc. volveremos a la situación como era cuándo empezó el conflicto.

El acuerdo de paz es una oportunidad importante para ajustar muchas desigualdades e injusticias presentes en las zonas rurales de Colombia.

Las FARC y el gobierno colombiano hicieron promesas al pueblo colombiano, pero también a la comunidad internacional.

Héctor Abad: Lo que prometen las FARC es más fácil que la promesa del Estado: no volver a levantar las armas y confesar sus crímenes atroces. Lo que promete el Estado es saldar una deuda histórica. Ahora el Estado deberá estar presente en los lugares que antes ha descuidado. Para hacer eso, son necesarios muchos recursos y seriedad. Este país no es muy serio. Ya veremos si este o los siguientes gobiernos serán capaces de realizar esto.

Lo que prometen las FARC es más fácil que la promesa del Estado. Lo que promete el Estado es saldar una deuda histórica.

Aparte de las promesas del gobierno y de las FARC el proceso de paz significa un cambio importante en la sociedad colombiana. En El olvido que seremos escribe: ‘Al escribir este libro la quemé también pues entendí que la única venganza, el único recuerdo, y también la única posibilidad de olvido y perdón, consiste en contar lo que pasó, y nada más.’

Según usted, ¿cómo puede la cultura en general, más específicamente la literatura, desempeñar un papel en el período posconflicto de Colombia?

Héctor Abad: Cuando escribí El olvido que seremos fue muy curativo para mí. Los paramilitares habían asesinado a mi padre hacía ya bastante tiempo. Era algo que tanto para mí como para mi familia era una tortura y casi nos volvía locos. Distanciar los acontecimientos por medio de una historia sobre papel causó un efecto positivo. Confío firmemente en que para el proceso de paz en Colombia las historias verdaderas igualmente serán importantes.

La verdad sobre lo que pasó es más importante que la justicia en el sentido tradicional de la palabra. Para mí la verdad y el poder contar las historias es más fuerte.

La verdad sobre lo que pasó es más importante que la justicia en el sentido tradicional de la palabra.

De una manera u otra, pude reconciliarme con mi país escribiendo este libro. Por supuesto sigo sintiendo mucha rabia por lo que provocaron los paramilitares. Pero después de haber escrito este libro, lo más importante para mí no es la justicia sino la verdad.

Cuando el antiguo presidente Álvaro Uribe llegó a un acuerdo de paz con los paramilitares para mí había sido suficiente que confesaran sus crímenes. Que contaran qué crímenes cometieron, por qué lo hicieran, cómo lo hicieran, cuyos órdenes siguieran. Para mí no era de tanta importancia que fueran a la cárcel.

El proceso de paz con los paramilitares no terminó bien. Nunca reunieron las víctimas de los perpetradores para hablar con ellos. El texto del acuerdo nunca fue publicado y no celebraron un referéndum.

El proceso de paz con las FARC va mejor. Durante las discusiones del gobierno con las FARC en La Habana invitaron a las víctimas. El acuerdo es público y se celebrará un referéndum. Con la Justicia Especial para la Paz será revelado una verdad más completa. Y eso es bueno. Si los asuntos no se desorbitan y no habrá personas asesinadas, el simple hecho de contar estas verdades será muy curativo para Colombia.

Si los asuntos no se desorbitan, el simple hecho de contar estas verdades será muy curativo para Colombia.

La literatura desempeña un papel importante en este período posconflicto, para quienes la escriben y quienes la leen. El escritor se libera del egoísmo, de sus problemas personales y se vuelve más objetivo. Con el lector ocurre algo similar. Sale de sí mismo, de su propio mundo, de su propia historia, grande o pequeña. Lee su propia historia a través de otra, amplia su mundo y su capacidad de comprensión, empatía y compasión.

Habla sobre el referéndum que se celebrará este domingo tres de octubre. Legalmente, no era obligatorio que Santos convocara un referéndum sobre el acuerdo de paz, lo que hizo de todos modos. ¿Es importante para el país?

Héctor Abad: El referéndum causa algo muy nocivo: mucha atención y conflicto. No obstante, si Santos no hubiera convocado el referéndum, habría llamado mucho la atención la ausencia de una consulta pública.

Quisiera que ya era el tres de octubre, quisiera que ya era lunes. En la campaña del “No” circulan muchas mentiras. Así, circula un falso artículo mío en el internet en el que supuestamente presento argumentos a favor del “No”. Les pasó a varias personas. Falsificaron una foto del cantor Juanes con una camiseta para el “No”. Mariana Pajon, quien ganó una medalla de oro en los Olímpicos, sale en el periódico con un consejo pro “No”. Todas estas personas deben negar estas fábulas. Es muy desagradable. También hay gente de la campaña del “Sí” que molestan a los que votarán “No”. Les acusan de ser cómplices de la guerra. Puede ser que sea gente que sufrió demasiado durante el conflicto y que piensa que la dosis de justicia no es suficiente.

Debe tener lugar una discusión intelectual más tranquila. Una estimación de lo que es lo mejor para este país. Racional e intuitivamente tiene mi preferencia el acuerdo. Dar una oportunidad a la forma particular de justicia y salir adelante.

Espero que podamos llegar a ser un país más tranquilo, menos herido. El exceso de dolor resulta en un país rencoroso.

Confío en que gane el voto por el “Sí” y que el referéndum no desemboque en otro conflicto. Justamente intentamos salir de la situación de conflicto. Colombia es una sociedad muy rencorosa, muy sensible con reacciones fuertes, en lengua y comportamiento. Espero que podamos ser a llegar un país más tranquilo, menos herido porque el exceso de dolor resulta en un país rencoroso.

‘Si recordar es cada vez pasar por el corazón, siempre lo he recordado.’ escribió usted. ¿Cómo puede Colombia conciliar los recuerdos de tanta violencia y tanto dolor con la esperanza y la alegría de un acuerdo de paz?

Héctor Abad: Hay muchas formas de recordar. El recuerdo etimológico pasa por el corazón, el recuerdo rencoroso por la vesícula biliar, en el sentido de venganza, odio. En un país en conflicto se confunden recuerdos cariñosos y rencorosos. Espero que los recuerdos cariñosos dominarán y que los recuerdos vengativos no terminarán imponiéndose.

Cuando un país se encuentra en una situación de conflicto, se proponen soluciones que simplemente no son las mejores. Al igual de que las víctimas, por ejemplo las víctimas en Bélgica que pasaron por el atentado de bomba en el aeropuerto, no optan por la mejor solución. Es la Biblia, la ley de la reciprocidad, tú me matas, yo te mato. Puedo imaginarme que esta es la primera reacción. Después los problemas deben ser canalizados.

En el caso del conflicto colombiano, se trata de problemas de desde hace cincuenta años no con cientos, pero con miles de muertos. Un conflicto entre habitantes del mismo país.

En una situación como esta hay que buscar soluciones distintas. Soluciones que pueden suavizar recuerdos dolorosos. Soluciones que dan combatividad a la gente para que no quiera ver repetido lo que vivieron: No quiero que otros tienen que pasar por lo que he pasado yo, tampoco mis hijos y nietos.

Durante varios siglos, repetimos la misma receta de acción violenta.

Durante varios siglos, repetimos la misma receta de acción violenta. El Estado reaccionó con violencia y rabia frente a lo que era inicialmente un movimiento guerrilla pequeño de un par de ciudadanos enfadados. Un problema pasajero perduró durante décadas.
Ahora nos dan por primera vez una oportunidad a una solución distinta. Dentro de algunos años sabremos si este ejercicio consiguió los resultados esperados o no. Tenemos el deber de intentarlo.

Tengo la impresión de que Colombia, en un mundo lleno de conflictos y violencia, se atreve a tomar otro camino. Colombia, que siempre ha sido un país de donde venían las peores noticias, intenta ser un país de buenas noticias. Espero que esto sea confirmado. No conocemos el futuro, pero mi razón y corazón apuntan en la dirección de que esta manera de solucionar puede funcionar.

Tengo la impresión de que Colombia, en un mundo lleno de conflictos y violencia, se atreve a tomar otro camino.

Parece que Colombia busca otra narrativa de la nación. Y, sí, está encontrándola y mostrándola al mundo que la necesita.

Héctor Abad: Sí, veremos lo que pasa ahora. Antes nos miraban por nuestra violencia. Ahora nos miran por nuestra paz. Espero que no les decepcionemos. Hay mucha gente que no apoya el proceso, es una forma de profecía que se cumple por sí misma. Dicen que falta la justicia completa, que esto llevará a la violencia y para demostrarlo reaccionarán de forma violenta ante los que creen que merecen un castigo. Esto es lo peor lo que nos puede pasar.

Su último libro La oculta habla de una historia familiar unida a un pasado de violencia en Colombia. ¿Cómo se imagina la Colombia que ya no será la Colombia de las malas noticias? ¿Cómo puede ser esta nueva Colombia en sus libros?

Héctor Abad: No es que lo quería de verdad, pero estuve obligado a contar historias duras. La violencia toca en la puerta de tu casa y eres escritor, tu profesión es contar historias. Llega un momento en el que sientes que, si no cuentas esta historia, estarías traicionando algo importante. No estoy hablando de historias ordinarias.

Estuve obligado a contar historias duras. La violencia toca en la puerta de tu casa y eres escritor, tu profesión es contar historias.

La psicología humana es muy compleja. Cuando la violencia forma parte de la historia, la complejidad se vuelve parda, muy superficial, muy pequeña. Junto al espanto de asesinatos la temática se hace muy depurada, como el bueno y el mal.

Cuando seremos un país más normal, entonces podremos dedicarnos a contar historias menos urgentes. La violencia conlleva una forma de urgencia. Hay que intervenir. Se necesitan soluciones. El carácter urgente quita todo el espacio a lo que es importante.

Me gustaría escribir otras historias que no hablan de asesinatos ni venganza. En Colombia libros sobre este tema son muy típicos, casi un género literario. El tipo de novelas sobre sicarios, sobre jóvenes que asesinan por dinero, sobre la mafia, los paramilitares y la guerrilla. Libros sobre secuestradores y sus testimonios, porque en Colombia hubo cuarenta mil secuestros.

Espero que Colombia ya no tenga que escribir este género en el que la violencia sirve de temática principal.

Espero que Colombia ya no tenga que escribir este género en el que la violencia sirve de temática principal. Será una literatura más compleja y más bonita. Ya no la literatura urgente sobre Caín y Abel, sino una literatura profunda, importante.

Historias sobre el humano imperfecto, sobre cosas menos urgentes como el enigma de por qué morimos de una muerte natural, o la historia del amor bueno. El misterio de la atracción, de la sexualidad, o del éxodo, cómo fundamos nuevos pueblos. Hay tantos otros temas.

¿Cree que este género de literatura sobre la violencia ayuda a la sociedad colombiana para que termine con el pasado o que justamente provoca más violencia?

Héctor Abad: Dentro del género, existen libros malos y buenos, pero no creo que esta literatura provoca más violencia. La literatura no tiene un efecto tan grande hoy en día. Es más probable que la televisión tenga este efecto negativo.
Sicarios asesinaron a mi padre y yo no soy capaz de ser comprensivo con estas personas. A veces estos libros o series son tan comprensivos que casi justifican la violencia.

A veces, estos libros o series son tan comprensivos que casi justifican la violencia.

Aun así, los libros de buena calidad pueden explicar cómo funciona la psicología de estos chicos. Cuando uno no tiene perspectivas en la vida; algo que le puede pasar a cualquier persona sensible y razonable. Si no soy nada, si no significo nada para nadie, si incluso no puedo tener una novia, entonces hago esto para mi hermana, para mi madre así que ellas por lo menos lo pasan un poquito mejor. De esta manera también hay una explicación.

En libros buenos no importa el tema. Hay muy buenos libros sobre sicarios que amplían nuestra comprensión del mundo y que en ese sentido son positivos. Así que no veo un efecto negativo en este género. Los libros malos son inofensivos y los libros buenos tienen más bien un efecto positivo.

Ahora que estamos hablando de buena literatura: Casi no me atrevo a preguntarlo, porque hay una generación totalmente nueva de escritores colombianos que ya no están a la sombra de García Márquez. Pero según usted, ¿qué habría dicho Márquez sobre el acuerdo de paz?

Héctor Abad: Es muy triste que Márquez ya no pueda vivir lo que está ocurriendo. Márquez luchó duro para el acuerdo. Era una personalidad muy pacífica y bondadosa. Con Cuba, con México, cada vez hizo lo imposible para aproximar opiniones dispares.

Siempre fue un moderador en negociaciones de paz. Márquez fue un hombre con un amor humano grande, una capacidad de perdón y comprensión inmensa, y esto es lo que le hizo un gran escritor.

El acuerdo de paz es de algún modo el hijo de la inspiración que nos dejó García Márquez.

Márquez habría sido ahora una de las personas que disfrutan más de este momento. Y estaría celebrando el primer acuerdo de paz serio de este siglo. Es tan lamentable que tenga que perdérselo.

El acuerdo de paz es de algún modo el hijo de la inspiración que nos dejó Márquez. Es muy significativo que durante la ceremonia del acuerdo de paz tanto Rodrigo Lodoño, el jefe de la guerrilla, como el presidente Santos mencionaron a García Márquez. Lo hicieron con mucho cariño. Los dos partidos del conflicto hicieron referencia a Márquez como algo propio, algo que les inspiró en lo que están realizando.

Traducción: Joke Descan

  • La traducción al holandés de El olvido que seremos de Héctor Abad fue publicado por De Geus. 286 páginas. ISBN 978 90 445 1499 5
  • La traducción al holandés de La oculta de Héctor Abad fue publicado por de Geus. 412 páginas. ISBN 978 90 445 35761
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