Isabel Allende: ‘La ficción es verdad, las noticias falsas son censura’

El 24 de marzo la escritora chilena exitosa Isabel Allende recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de Gante, Bélgica. Gie Goris la visitó en San Francisco, donde discutieron intensamente las historias y las mentiras, las mujeres y el poder, la política y la migración. ‘La fuerza de las mujeres no reside en el poder o en la fuerza física, sino en la resiliencia y la compasión.’

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Isabel Allende escribió grandes éxitos como La casa de los espíritus, Eva Luna, Paula, El amante japonés y De amor y de sombra. Más adelante en el 2017 sale Más allá del invierno, la historia de una refugiada guatemalteca y un periodista chileno que viven una noche terrible en Nueva York. Con ese título, Isabel Allende refiere a L’É de Albert Camus: ‘En lo más profundo del invierno, finalmente aprendí que dentro de mí se encuentra un invencible verano’.

El 24 de marzo, la Universidad de Gante le otorgó a Isabel Allende el doctorado honoris causa por el gran impacto que ha tenido su obra en la sociedad. Se le otorgó sin concertación alguna con la facultad de Letras, provocando múltiples reacciones críticas acerca del realismo mágico, que sería pasado de moda, de las consecuencias nefastas del exotismo y de la relación complicada entre las cifras de venta y el valor literario.

‘La mayoría de los comentarios sobre mi trabajo, los hacen en idiomas que no entiendo’

‘La mayoría de los comentarios sobre mi trabajo, los hacen en idiomas que no entiendo’, me dijo la escritora durante la conversación que tuvimos a principios de este mes en Sausalito, San Francisco. Isabel Allende escribe sus libros en español, pero luego se ven traducidos a 35 idiomas. En el mundo entero, millones de lectores los devoran.

 

Su casa, donde tenemos la primera parte de nuestra conversación, funcionaría sin problema como continuación de La casa de los espíritus. A finales del siglo XIX la casa servía de burdel de lujo, después se convirtió en una iglesia pentecostal y más tarde en una fábrica de chocolate. Hoy en día aloja las oficinas de Isabel Allende y de la Fundación Isabel Allende. Esta fundación invierte anualmente alrededor de un millón de dólares en proyectos fomentando la igualdad de oportunidades para las chicas, la igualdad salarial y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Isabel Allende cuenta la larga historia de esta fundación – todo es una larga historia con Isabel Allende – en la segunda parte de la conversación, acompañada por unos excelentes sushis, sake y helado de té verde.

Isabel Allende: Guardé los beneficios de Paula, el libro que escribí sobre la enfermedad y la muerte de mi hija Paula Frías, en una cuenta especial. Ni sabía qué iba a hacer con el dinero. Después de su fallecimiento, no lograba volver a crear obras nuevas. El bloqueo del escritor, creía. Pero un amigo hablaba de un depósito vacío. Me aconsejó volver a llenar el depósito de historias e imágenes.

‘Es terrible que hasta una madre se quiera deshacer de su hija porque una chica sería inferior, sería una carga.’

 

Con este propósito, hice un viaje por la India. Algún día, bajo el sofocante sol de Rajastán, el motor del coche se sobrecalentó y el conductor tuvo que pararlo. Mi amiga y yo nos quedamos en la sombra de una acacia grande, juntas con unas mujeres de allá. No nos entendíamos, pero intentábamos expresarnos con gestos. Les regalamos las pulseras que acabábamos de comprar. A la hora de continuar nuestro camino, una de las mujeres me siguió para darme un paquete a cambio.

Quería decirle que no lo podía aceptar, pero no me hizo caso. Abrí el paquete y descubrí con espanto un recién nacido. El conductor devolvió el paquete a la mujer y nos dijo que subiéramos al coche. Cuando otra vez expresé mi consternación, el conductor contestó: ‘Era una chica. ¿Quién quisiera una chica?’ Fue en este momento exacto cuando supe qué hacer con los beneficios de Paula. Es terrible que hasta una madre se quiera deshacer de su hija porque una chica sería inferior, sería una carga.

CC Casa de las Americas (CC BY-NC-ND 2.0)​

 

Fue en la original casa de los espíritus donde Isabel Allende se dio cuenta por primera vez de que las mujeres tenían menos oportunidades y menos derechos que los hombres. Isabel Allende y su mamá vivían en la casa de su abuelo. Como consecuencia, a la hora de tomar decisiones, su madre dependía de los hombres. ‘Muy joven, me convertí en una persona rebelde y, cuanto más crecía, cuanto más me oponía a toda forma de autoridad.’ Un cargo de periodista para una revista feminista le permitió canalizar la ira de una forma constructiva. Sin embargo, dejó el periodismo y pasó a la ficción. ¿Por qué?

Isabel Allende: Es que soy más bien una mentirosa, y no una fuente confiable de hechos. Ya como periodista no investigaba, no ejercía periodismo como tal. Yo contaba historias. El periodismo es un mundo inmediato y apresurado. La literatura me da la libertad para decir la verdad sin estar restringida por las evidencias, ni por los hechos, ni por la parcialidad de mi propia opinión. Lo que es más, no funciona la ficción que no tenga raíz en la realidad. Al lector le hace falta una base de verdad y de credibilidad, si quieres que se rinda a la ficción.

‘La ficción que escribo se basa en investigaciones profundas. Ellos propagan mentiras a fin de ocultar la realidad. “Hechos alternativos” y “noticias falsas” son formas contemporáneas de la censura de las dictaduras de los años sesenta.’

¿Entonces, los hechos alternativos del nuevo presidente norteamericano son también una forma de ficción?

Isabel Allende: No, son mentiras. La ficción que escribo yo se basa en investigaciones profundas. Ellos propagan mentiras a fin de ocultar la realidad. “Hechos alternativos” y “noticias falsas” son formas contemporáneas de la censura de las dictaduras de los años sesenta. Por el contrario, el arte se distingue por querer mostrar la vida y darle sentido. Es una manera de buscar la verdad.

Al Día Internacional de la Mujer se le presta cada vez más atención. ¿Le alegra?

Isabel Allende: Lamento que necesitemos un día así. No necesitamos un día del hombre. El hombre y la masculinidad ya tienen su lugar en la sociedad y no suscita la polémica. En cuanto a la mujer y a la feminidad, es otra cosa. Luego en los EE.UU. eligen como presidente un tal Donald Trump, un presidente misógino que por sorpresa supo convencer al 51 por ciento de los votantes femeninos.

Mientras que la otra candidata, Hillary Clinton, quería encarnar la emancipación exitosa.

Isabel Allende: Hillary Clinton no representaba tanto a las mujeres norteamericanas, sino al statu quo del sistema, incluidas todas las ventajas de la élite. Hillary no declaraba nada nuevo, mientras que Trump claramente proponía un cambio – un cambio negativo, creo yo, pero un cambio, de todo modo. El género no ha jugado ningún papel en este asunto.

‘Si de algún escritor se dice que es importante, se trata de un escritor masculino de piel blanco. Si no, se añade que el escritor es una mujer, que es negro o latinoamericano…’

 

¿El género tendría que ocupar el centro de cada debate o política?

Isabel Allende: El género no tendría que ocupar el centro en sí, pero es una preocupación que siempre tiene que estar presente. Sin embargo, no se elige a alguien por ser mujer, por su raza, su color de piel, su origen étnica o su religión. Lo que verdaderamente importa es el programa y las competencias del candidato.

Lo mismo vale para la literatura. Si de algún escritor se dice que es importante, se trata de un escritor masculino de piel blanca. Si no, no falta la mención que se trata de una mujer, que es negro o latinoamericano… El adjetivo disminuye la importancia o el valor de su literatura y a la vez confirma una norma que para los “demás” no está alcanzable.

¿Cómo de importante ha sido Michelle Bachelet, la primera presidenta femenina de Chile y de Latinoamérica, elegida dos veces?

Isabel Allende: La primera vez que fue elegida, acabó con todos los tabúes del Chile conservador y católico. Es una mujer, una madre soltera, una socialista y una atea. El primer tema que trató en calidad de presidenta era la violencia familiar. La segunda vez que ganó las elecciones, lo debía a la fuerza de su propia personalidad, a pesar de que los partidos políticos que le apoyaban habían perdido la confianza del pueblo. La popularidad débil de su gobierno no es una moción de censura contra ella, sino contra los miembros de su gobierno. Ella es una mujer extremadamente fuerte.

¿Cómo define usted a una mujer fuerte?

Isabel Allende: La fuerza de la mujer no reside en el poder o en la fuerza física, sino en la resiliencia y la compasión. Cada vez que la oprimen, se levanta. Miles de veces. Se encarga de otras personas, incluso cuando nadie se encarga de ella. Las mujeres fuertes no son líderes, son personas que unen. En Chile, muchas veces el padre está ausente. La mujer, sin embargo, siempre constituye el apoyo de la familia y de la comunidad más amplia.

‘La fuerza de la mujer no reside en el poder o en la fuerza física, sino en la resiliencia y la compasión. Cada vez que la oprimen, se levanta. Miles de veces.’

 

¿El objetivo del feminismo no es crear más espacio para mujeres para que puedan expresarse, también fuera de la familia tradicional?

Isabel Allende: El núcleo del feminismo es poder tomar las mismas decisiones que toman los hombres. Las mujeres debemos tener el derecho de elegir una vida de ama de casa, pero también una vida de presidenta o de militar. De tomar decisiones en cuanto a nuestra salud reproductiva, pero también en cuanto a nuestras competencias intelectuales o artísticas. Las mujeres todavía debemos luchar por nuestros derechos o decisiones. A los hombres no les resulta tan problemático.

¿Usted cree que la marcha de las mujeres, después del juramento del presidente Trump, fue un paso en la buena dirección para ampliar las posibilidades?

Isabel Allende: Claro. Fue una marcha alegre y clemente que ha unido a millones de personas. Fue más una celebración que una protesta amarga, aunque esta marcha ha sido posible por la elección de Trump. Él representa la misoginia. Es una amenaza para todo lo que las mujeres hemos adquirido. Si el presidente se jacta de agresión en contra de mujeres, ¿quién evitará que esto se vuelva la norma en la sociedad? Es un ataque directo y brutal a los derechos de las mujeres, tenemos que resistir. Y tendremos que persistir en ello.

CC Casa de las Americas (CC BY-NC-ND 2.0)​

 

Parece que persistir no es fácil. En América Latina, los gobiernos de izquierda retroceden para ceder su lugar a los partidos de derecha.

Isabel Allende: Ya tengo una edad suficiente para saber que las cosas cambian. Durante mucho tiempo, Chile ha sido la sociedad más conservadora de Latinoamérica. Pero también fue el primer país con un presidente marxista [Salvador Allende, un familiar de su padre]. Después, el país vivió bajo el mando austero de la extrema derecha y de la dictadura liberal [de Augusto Pinochet] y, más tarde, eligió a la primera presidente femenina del continente. Ahora, la izquierda se cambia de nuevo por la derecha.

‘Lo que a mí me da esperanza, es que los jóvenes no participan a las elecciones, porque los partidos y las instituciones de hoy tienen sus raíces en el siglo XIX, mientras las necesidades de la época en la que vivimos, la época de información y comunicación, no se ven cumplidas.’

¿Aún queda esperanza, o solo resignación?

Isabel Allende: Lo que a mí me da esperanza, es que los jóvenes no participan a las elecciones, porque los partidos y las instituciones de hoy tienen sus raíces en el siglo XIX, mientras no se cumplen las necesidades de la época en la que vivimos, la época de información y comunicación.

¿Por qué le da esperanza?

Isabel Allende: Sé que esta generación tomará las riendas en unos diez años y cambiará mucho. Cambiará la manera de elegir y de tomar decisiones. La juventud reaccionará, como reaccionaron las mujeres. La campaña de Bernie Sanders ha mostrado que esta reacción ya está en marcha. La decepción del Partido Democrático como entidad del establishment se debe traducir en la construcción de algo nuevo, dentro o fuera del partido.

Uno de las cuestiones centrales en la política contemporánea es la migración. Tanto en Europa como en los EE.UU. hay partidos políticos que tienen mucho éxito creando un clima de ansiedad alrededor de los inmigrantes y los refugiados. Usted también es una inmigrante en este país. ¿Cómo experiencia esta nueva tendencia?

Isabel Allende: Hoy, muchísimas personas emigran. La mayoría huye de la guerra y de la violencia, pero también del hambre y de la pobreza. Se requiere una respuesta a escala mundial. El enfoque más importante sería acabar con el abismo entre los have y los have-not. Mientras no pongamos fin a esta oposición, mientras dejemos que siga creciendo, los conflictos violentos serán inevitables. En un mundo donde las fronteras ceden ante los capitales, los bienes y los conocimientos, es intolerable que se fortalezcan ante las personas. Este es el siglo de la migración y de la verdadera mundialización para todos.

Para la mayoría de las personas la migración no es una elección.

Isabel Allende: Yo tampoco quería irme de Chile en el 1973. Pero después decidí huir a Estados Unidos. Los refugios se van porque quieren sobrevivir. La situación en Guatemala es tan brutal, hay mucha violencia de bandas, muchísima corrupción y pobreza, que muchas personas no tienen más remedios que huir de su país. Muchas veces quienes se marchan son los jóvenes, los que tienen el coraje o la fuerza de hacerlo. Los ancianos, los enfermos y los débiles se quedan atrás.

‘La gente prefiere vivir en un lugar donde se puedan sentir en casa, donde hablen el idioma y donde tengan relaciones, a donde no tienen ni derechos, ni historia, ni familia.’

 

¿Usted dice que la migración presenta un beneficio al país de acogida, pero que es lo peor que pueda ocurrirle al país de origen?

Isabel Allende: Sí, la migración es un síntoma de un problema más profundo y mucho peor. A los que huyen de Siria les gustaría quedarse en Siria. Cada familia guatemalteca que conozco hubiera querido quedarse allá. La gente prefiere vivir en un lugar donde se puedan sentir en casa, donde hablen el idioma y donde tengan relaciones, a donde no tengan ni derechos, ni historia, ni familia.

La violencia o la injusticia que hacen huir a esa gente tienen que solucionarse allá. Además, tendríamos que poner menos énfasis en las diferencias y las fronteras. Todos somos humanos. Tenemos las mismas necesidades, ansiedades y esperanzas.

Pero la gente necesita un arraigamiento local o, por lo menos, la sensación de pertenecer a un grupo o una comunidad.

Isabel Allende: Sí, estoy consciente de esto, pero yo creo en la evolución. Ya no vivimos en la época de las tribus. Aunque la historia no sea una línea recta, en sus oscilaciones veo una tendencia hacia un mundo más democrático, inclusivo e informado. Hoy en día, más familias que nunca pertenecen a una clase media y viven cómodamente. El año 2017 toca fondos, con la aparición abrupta de un nuevo tipo de nacionalismo y de la extrema derecha, pero no creo que la tendencia general cambie.

Una de las identidades comunitarias que volvió a aparecer en los últimos años es la identidad religiosa. Pero la religión se considera ahora como una ideología política, menos como una espiritualidad.

Isabel Allende: No estoy religiosa, pero veo la importancia de la religión para otras personas. A mucha gente le hace falta creer en algo. Pienso que la creencia en un tal dios puede ser el primer paso hacia la construcción conjunta de un mundo mejor. Personalmente desconfío de las religiones organizadas, porque tienen el poder de convertir a las personas en fanáticos. La religión puede tornarse en un arma terrible de opresión de la gente, pero también puede constituir una fuerza benéfica.

CC Shawn (CC BY-NC 2.0)​

 

La espiritualidad es un elemento bastante importante en sus libros.

Isabel Allende: Cuento historias que me importan a mí. Para hacerlo, busco la conexión con la esperanza, la ansiedad o la consciencia colectiva. Esta conexión se logra al estar a solas para escribir. A lo mejor se aplica también a los místicos o a los monjes. No es algo racional, es algo intuitivo.

Las historias que cuento no son mensajes ocultos, sino experiencias que quiero transmitir. Los cuentos son la esencia de la lengua y la cohesión de la gente depende de los cuentos. La música es un cuento, la historia es un cuento. Y cada cuento nos ofrece comprensión.

En cuanto a sus referencias literarias, usted menciona, por supuesto, a los escritores del boom latinoamericano, como García Márquez y Vargas Llosa, pero también a escritores rusos del siglo XIX, como Turguénev y Bulgákov. Sin embargo, la literatura de estos autores rusos es mucho más oscura y exigente que la suya.

Isabel Allende: ¿No se debe a su cultura en general? ¿Los rusos no son mucho más dramáticos que los latinoamericanos? América Latina es un continente caracterizado por la explotación, la violencia y la opresión. Pero al mismo tiempo, es un continente de colores y de olores, de música y de celebraciones. Incluso en Oaxaca, uno de los estados de México, caracterizado por la violencia y la pobreza aguda, la gente sigue reuniéndose para celebrar la vida y la muerte con música, baile y flores coloridas.

‘Escribo en español porque una novela no surge de la cabeza, sino del vientre.’

Usted ya lleva varios años sin vivir en esta realidad. ¿Es la razón por la que guarda más este tono latino que la mayoría de los escritores latinoamericanos jóvenes?

Isabel Allende: Mis padres viven en Chile, tienen 101 y 96 años, pues, viajo a Chile con frecuencia. En los EE.UU. también estoy en contacto constante con muchos emigrantes latinoamericanos. Escribo en español, porque una novela no surge de la cabeza, sino del vientre, donde reina el idioma materno. Sueño en español, juro en español. Cuando rezo, rezo en español.

He aprendido el valor de los cuentos en la cocina de la casa de mi abuelo. Siempre sonaba una radio. En las demás partes de la casa estaba prohibida, por miedo de la vulgaridad que introduciría en el hogar. Escuchaba con ganas el radioteatro que se emitía entre las canciones. Para mí, los cuentos son una brújula que me ayuda a encontrar mi lugar en el universo.

Traducción: Jan Lievens

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