Un año sin justicia para los 43 estudiantes de Ayotzinapa

El próximo 26 de septiembre se cumplirá el primer año desde la desaparición de los 43 estudiantes mexicanos, ocurrida en el estado de Guerrero, al sureste de México. A pesar del tiempo transcurrido, el Estado mexicano no ha podido presentar una respuesta creíble respecto a dónde están. Existe una deuda pendiente con la sociedad sobre el destino de esos jóvenes.

  • © Annick Donkers © Annick Donkers
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El 26 de septiembre de 2014, estudiantes de la “Escuela Rural Isidro Burgos” -conocida como “Ayotzinapa”, por estar en una región del estado de Guerrero que lleva ese nombre- se encontraban en Iguala, localidad cercana a su escuela, a donde habían acudido para pedir apoyo económico, con el objetivo de financiar un viaje a la Ciudad de México para participar en una marcha estudiantil que cada año se realiza el 2 de octubre en la capital del país.

Al poco tiempo de subir a los camiones en que volverían a su escuela, los estudiantes fueron interceptados por la policía local, que disparó directamente contra ellos. La razón del ataque permanece incierta. La versión oficial establece que María de los Ángeles Pineda,  esposa de José Luis Abarca, alcalde de Iguala, realizaba un acto político que los estudiantes querían sabotear, por lo que se ordenó la agresión. Para el grupo de expertos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), esto es imposible, pues el evento había terminado para cuando los estudiantes abordaron los autobuses, por lo que existe otra línea de investigación: un camión abordado por un grupo de 10 a 15 estudiantes, que no se menciona en la investigación del gobierno, que pudo ser usado para trasladar heroína por el cartel “Guerreros Unidos”, quienes al verlo ocupado por los estudiantes, decidieron atacarlos. 

En esa primera agresión, fue herido de gravedad Aldo Gutierrez Solano -quien recibió un impacto de bala en la cabeza e inmediatamente perdió más de la mitad del cerebro, actualmente se encuentra en estado vegetativo- y murió Daniel Solís Gallardo. Los estudiantes pidieron por teléfono apoyo a sus compañeros de escuela en Ayotzinapa, quienes al llegar, comenzaron a buscar a sus compañeros. Mientras hacían una conferencia de prensa en el lugar de los hechos, fueron atacados por segunda vez, recibiendo disparos desde un automóvil en movimiento. Esas balas mataron al estudiante Julio César Ramírez Nava, además de que en la confusión, fue la última vez que se vio con vida a Julio César Mondragón, quien sería encontrado al día siguiente asesiando, con signos de brutal tortura, al grado de que su rostro había sido arrancado.  

El 27 de septiembre se reportaron 57 estudiantes desaparecidos, pero la cifra se redujo a 43 cuando pudieron salir de su escondite algunos jóvenes que lograron huir. Lo que hoy sabemos es que los estudiantes fueron secuestrados por la policía local, en coordinación con el grupo de narcotráfico “Guerreros Unidos” y el alcalde de la ciudad de Iguala, José Luis Abarca. También ha sido reconocido que un grupo del Ejército mexicano -el 27 batallón- supo del ataque a los estudiantes y no intervino en su defensa. Sin embargo, quedan muchas piezas sueltas en la reconstrucción de los hechos.

Cronología de las investigaciones

-El 28 de septiembre de 2014, 22 policías fueron detenidos por su participación en el ataque a los estudiantes. El 30 de septiembre, se fugó el alcalde de Iguala, José Luis Abarca.

-El 17 de Octubre del mismo año, es arrestado Sidronio Casarrubias, líder del cartel “Guerreros Unidos”, señalado como uno de los principales responsables.

-El 4 de noviembre el alcalde de Iguala es capturado en la Ciudad de México.

-El 27 de Enero de 2015, la máxima instancia de investigación del gobierno, la PGR -Procuraduría General de la Repúbica- realiza una conferencia de prensa en que considera que los estudiantes fueron asesinados, incinerados en Cocula -pequeña localidad cercana al lugar en que fueron secuestrados- y sus cenizas arrojadas a un río llamado “San Juan”.

-El 21 de marzo se crea el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que comienza sus investigaciones.

-El 6 de Septiembre, el grupo de expertos entrega su primer informe, donde llega a tres grandes conclusiones:

  • Que es imposible científicamente de que los cuerpos hayan sido incinerados en Cocula de la manera en que supuestamente ocurrió. Los testimonios de las personas acusadas se contradicen, además de que señalan que los quemaron usando sólo algunas llantas y madera en un tiempo de seis horas. Según el informe de los expertos de la CIDH, se necesitarían 60 horas, 13 mil bloques de madera y 16 mil llantas para crear el calor suficiente para consumir los 43 cuerpos al aire libre. Por eso, la única forma real de convertirlos en cenizas es hacerlo en crematorios públicos o privados de la zona. Los familiares de las víctimas han exigido sin éxito entrevistar a los militares que se encontraban en el cuartel más cercano el día de la masacre.
  • Se rescartó el testimonio de uno de los conductores de los autobuses abordados por los estudiantes, del que se concluye que existió un ataque coordinado en que participó la policía local, funcionarios públicos y narcotraficantes. Por tanto, el caso de los estudiantes no es un secuestro grave, sino desaparición forzada.
  • Existe evidencia de que había un camión que nunca se mencionó en las investigaciones oficiales, que fue abordado por entre diez y quince estudiantes, quienes fueron llevados a otro lugar. Esto abrió la posibilidad de que este grupo tuviera un destino distinto y significa que también existió la colaboración de policías de lugares vecinos a Iguala.

A un año de los hechos, estudiantes que sobrevivieron a la masacre y la desaparición relatan su proceso de búsqueda de justicia.

¿De donde eres y cómo decidiste entrar a la Escuela Normal de Ayotzinapa?

Francisco Sánchez Nava: “Entré a prepararme ahí porque te da la oportunidad de estudiar aunque tengas muy pocos recursos. Yo soy de la zona de la Costa Chica, en Guerrero. Mi papá es campesino y mi madre ama de casa. Somos ocho hermanos, yo soy el sexto. Soy el único que entró a estudiar.

¿Dónde estabas el día de la masacre?

Yo estaba en la escuela el 26 de septiembre, mientras ocurría el primer ataque que sufrieron mis compañeros. Ahí nos llamaron y nos pidieron que fuéramos a ayudarlos. A mí me tocó el segundo ataque. Al principio, llegué desesperado buscando a un gran amigo, Aldo Gutierrez, que le dispararon en la cabeza y era de mi pueblo, así como a un primo, que hoy está desaparecido. Mientras ahí esperábamos, llegaron personas vestidos de civil a dispararnos”.

¿Cuál ha sido tu participación en la búsqueda de los 43 estudiantes?  

Al principio no me involucré del todo. Me quedó el coraje, la rabia: que se llevaran a 43 compañeros de esa manera. Pero en la escuela me asignaron mi primer comisión, que era ir a Guadalajara a hablar de la desaparición de los compañeros. De ahí fui a Argentina, Brasil y Uruguay. Desde entonces no he parado.

¿Qué te hace continuar?

Cada vez que miras el rostro de los padres sufriendo. También saber que pude ser yo uno de los asesinados o de los desaparecidos. Y eso me ayuda. Mi familia tiene temor de que me pase algo. Ya han ido dos o tres veces a la escuela para decirme que ya me salga, pero he dejado claro que no me voy a parar hasta que descubramos dónde están nuestros compañeros.

¿Que crees que estarás haciendo dentro de cinco años?

Lo primero que quiero sería tener a mis compañeros. Tener al país mejor. Y luego dar clases, si es que seguimos vivos. 

Omar García: “somos un país envuelto en corrupción, impunidad, saqueo de recursos y dictadura disfrazada de democracia”

Omar García, el estudiante más visible de la búsqueda de los desaparecidos, explica: “La desaparición forzada es una práctica cotidiana que le había venido funcionando bien al Estado. Ayotzinapa ha sido un punto de no retorno, aún cuando incluso han existido desapariciones después, pero lo que cambió es que ahora nuestra lucha es el grito de que se levanten las familias, de que luchemos juntos”. 

Respecto a las consecuencias de la desaparición forzada, considera: “Cuando llevan a la cárcel a un dirigente o incluso si lo asesinan, eso duele mucho, pero sabes donde está. Si lo desaparecen, es de las cosas que más daño hacen, porque afecta mucho a las familias, pues provoca incertidumbre total y dolor permanente. Uno siempre se está preguntando donde está, y no sabe si debe dejar ir o buscar hasta el final”.

¿Cuál es tu visión de México?

El diagnóstico es claro, somos un país envuelto en corrupción, impunidad, saqueo de recursos y dictadura disfrazada de democracia. Los medios de comunicación actúan para enajenar a las personas. El Estado es en realidad la concentración de intereses de los políticos, de los narcos y del status quo. Yo no le veo futuro si se siguen reproduciendo los vicios de siempre.

¿Hasta donde puede llegar el proceso de la búsqueda de los estudiantes en el sentido de un cambio social profundo?

Ayotzinapa quizá no es un referente de proyecto alternativo de Nación, pero da la posibilidad de que a lo largo de la lucha por los 43 se unifiquen las luchas, se realicen esos planteamientos. Queremos que la situación no se repita, pero para eso tenemos que cambiar muchas cosas. Ahora convocamos a la Asamblea Popular Nacional, y muchas organizaciones participaron, otras ya no están. Nos abrimos a otros sectores. Claro que no somos ya cientos de miles, pero somos más que antes. Quedó algo.

¿Cómo ha sido el proceso de exigencia de justicia en este movimiento?

Yo siento que la lucha siempre ha sido dificil. Hacer política fuera de la política estatal es difícil, es a contra corriente. Nosotros nos hemos dedicado a hacer eso desde hace mucho tiempo. Es una espiral ascendente y aprendimos luchando. Al principio mucha gente se sumó a la lucha por Ayotzinapa. Entonces se volvió más difícil, había que organizar a más personas, había que trascender métodos y formas que habíamos aplicado durante años, había que trascender el movimiento estudiantil y dar voz a otros en el mismo espacio. Lo difícil es lograr que los intereses comunes que sectores de las más amplias capas de la sociedad mexicana confluyan en un mismo objetivo. Además nos enfrentamos a un aparato que también perfecciona sus métodos. Pero por lo pronto hemos incluido a artistas, escritores, periodistas o amas de casa, no sólo maestros. Ayotzinapa no va a cambiar todas las cosas, es una oportunidad para ello”.

El 23 de septiembre, padres, familiares y personas solidarias realizarán un ayuno de 43 horas como protesta. Posterior a ello, el 26 de septiembre, conducirán una marcha que partirá de la residencia presidencial (Los Pinos) y llegará al Zócalo de la Ciudad de México.

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